Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.
La suerte suele tener fama de caprichosa, pero casi siempre se inclina hacia quienes se atreven a llamarla. No basta con esperar su visita: hay que generarle el motivo, construir el molde e insistir hasta que el partido empiece a hablar tu idioma. Cuando un equipo apenas consigue hilar pases con sentido o levantar ocasiones que incomoden al rival, cada minuto se vuelve un recordatorio de que la fortuna, por sí sola, no gana encuentros.
Porque confiar únicamente en la efectividad es como pretender que una chispa encienda un fuego sin haber preparado la leña. Si no se genera juego, si no se asedia el área con convicción, si las oportunidades nacen a cuentagotas, es difícil que el marcador caiga del lado propio. La suerte puede regalar un instante, pero no sostiene un partido entero. Al final, los puntos suelen marcharse con quienes los buscan de verdad: con esfuerzo, con ideas y con la valentía de provocar ese giro que otros esperan sentado.
El problema de juego era ya más que evidente, siendo únicamente rescatado de la crítica por los inmejorables resultados que se habían conseguido hasta hace unas fechas atrás. Y es que quién puede alzar la voz cuando la clasificación respalda un plan, que aunque rácano, sacaba los partidos adelante sin alardes pero con máxima eficacia.
Ahora, con tres derrotas consecutivas, las preguntas comienzan a brotar. Resulta enigmático entender como está siendo el año con peor afluencia al estadio en conjunción con habernos situado en posiciones de playoff desde el comienzo del campeonato; Falta de conexión entre la grada y un equipo que no parece estar demasiado en sintonía con el entorno cuando le toca jugar en casa, provocando un preocupante desencanto.
Un Plantío que está perdiendo su esencia. Ese fortín que hacía sucumbir a quien pasara por aquí y en el que ahora los rivales se sienten cómodos viendo como nuestro Burgos es incapaz de desagarrotarse ni aún siendo empujado por su entregada afición. Una personalidad y valentía que únicamente asomó cuando un mermado Fer Niño intentó contagiar al resto de sus compañeros con el carácter que había faltado durante todo el primer periodo.
Ramis, en rueda de prensa, culpó al cansancio arrastrado del partido de Copa de la falta de fluidez mostrada en el partido, pero a vista del espectador parece insuficiente encontrar exclusivamente ese motivo como explicación al nivel tan bajo de juego plasmado en el verde. Un patrón que se viene dando desde el mes de agosto, y en el que, jornada tras jornada, seguimos sin ver brotes verdes futbolísticos que auguren un cambio en el estilo que mejore la vistosidad.
Una guerra que parece librarse a la suerte de las individualidades en ataque y una defensa que está perdiendo la solidez y contundencia se mezclan provocando la primera crisis del año. La experiencia nos dice que el camino es largo, y que un resultado a favor puede cambiar una dinámica negativa que ahora mismo deja pocos visos para el positivismo, pero para ello se debe recuperar la fuerza de un grupo que ahora mismo parece discurrir sin un claro rumbo.












