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Con la mirada en lo que viene

Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF

La naturaleza humana nos hace ser exigentes, no conformarnos con lo que tenemos e intentar alcanzar nuevos objetivos; Pero en muchas ocasiones resulta más sencillo fijarnos en lo que no ha conseguido el vecino desde nuestra cómoda posición, pareciendo todo fácil desde fuera, como si no existiesen dificultades o factores extrínsecos que se interponen entre el punto de inicio y la meta. 

Para mí este primer parrafo puede ser un buen resumen de la temporada de nuestro Burgos Club de Fútbol. Año repleto de problemas, dentro y fuera del campo, que quizás se diluyan en nuestra memoria únicamente palpando las sensaciones más recientes, pero que han estado presentes en cada paso que se ha dado. En el pensamiento de algunos pueden resultar escasos e insuficientes, pero mirando desde una perspectiva justa han estado muy por encima de lo que todos podíamos prever por el ya lejano mes de agosto.

Nos hemos podido olvidar de lo que somos, empujados por un bendito caldo de cultivo que se lleva generando desde hace unos años en nuestra ciudad. Siendo el sexto equipo por la cola en lo que respecta al límite salarial, la confección de plantilla ha tenido que ser todo un reto para un Michu que ha cerrado fichajes apelando más al ambiente y al cariño de la ciudad que a factores económicos.

A todos, incluyendo a Bolo, nos hubiera gustado tener una plantilla de veinticinco jugadores, y todos con un gran nivel, como contra las que hemos competido en nuestra lucha por el play-off, pero nuestra realidad es otra. Las opciones han sido las que han sido y hay que ponerse en el pellejo de quién intenta cuidar de los ahorros, como si los de su casa fuesen, a la par que se busca las habichuelas para poner caviar encima de la mesa y agradar a todos los comensales.

Jugadores comprometidos y a los que no se les puede reprochar prácticamente nada. Más o menos afortunados en sus participaciones, apenas ha habido malos gestos ni caras largas independientemente de su protagonismo, caminando en bloque hasta donde la energía de todos ha llegado. Lo vivido en el Carlos Tartiere quedará grabado para siempre en la memoria de muchos, propios y ajenos al Burgos, porque somos extraordinarios en hacer cosas extraordinarias, y cada temporada damos un pasito más para ganarnos el respeto de todo el fútbol español.

Debemos quedarnos con lo positivo, y en lo que a mí respecta me quedo con que la afición está más unida que nunca. El curso pasado vivimos momentos terribles, que parecieron agradar a algunos, desviando el verdadero foco de atención, y que estuvieron a punto de suponer una ruptura insubsanable. Seguramente el cambio de propiedad, con una venta en la que nunca se tuvo en cuenta al socio, nos ha hecho darnos cuenta de que lo más importante es el escudo, y que si eso cae, nada de lo demás tiene sentido.

A la nueva propiedad solo se la puede pedir normalidad, dejar a los que ya están seguir trabajando como una familia, porque parece que el mecanismo funciona. El miedo a repetir lo que aún muchos tenemos muy presente puede que nos creara un rechazo injusto desde las noticias de la compraventa, que sumando el ocultismo de la operación aún nos creaba una mayor desconfianza. Pero los pasos que se están dando al menos parecen lógicos y sensatos.

Por último me gustaría mostrar mi agradecimiento a todos aquellos jugadores que han defendido este año con ahínco la elástica blanquinegra y que no lo volverán a hacer. Muchos se irán sin un merecido homenaje, pero siempre tendrá el cariño y el respeto de una grada que les ha visto no escatimar ni un gramo de esfuerzo por un escudo al que han estado a punto de llevar a otro nivel futbolístico sin entrar en ningún pronóstico. 

Parece que este verano será un punto de inflexión. Dejar de ser una Cenicienta y empezar a mirar de tú a tú a equipos a los que mirábamos con envidia hace unos años y a los que soñábamos con enfrentarnos en alguna ocasión. Únicamente pido a todos que no dejemos de tocar el suelo con los pies, conduciendo nuestros pensamientos hacia el límite que queramos, pero con la realidad de saber que es mucho más fácil estar abajo que arriba, y que seguiremos enfrentándonos a situaciones complicadas, dónde nuestra silueta se hará mucho más importante. 

Ilusión y responsabilidad. Por que lo que viene sea aún más bonito de lo que estamos viviendo.

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