lunes, junio 24, 2024
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Punto de quilates

Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.

Noche para el recuerdo, no sólo para los que lo pudieron disfrutar desde el Stage Front Stadium (feudo que ha disfrutado de dieciocho de las últimas veinte campañas en Primera División), también para los que no pudimos hacer el desplazamiento. Día de agarrarte al sofá, de tensión muscular y de despejar cada balón en pantuflas. De celebrar cada gol como si estuvieras en el fondo y de desear oír el pitido final para disfrutar de lo logrado.

Después de leer el primer párrafo imagino que para alguien que no sepa del resultado final le resultaría inimaginable pensar que el partido no acabara en victoria visitante, pero hay empates que por lo psicológico valen mucho más que un punto, y el martes tuvimos el ejemplo.

Hace poco más de un mes recibimos a la Agrupación Deportiva Alcorcón en lo que todo el mundo definía como un “match ball”. Veníamos de jugar en Elda un partido desastroso, probablemente el peor de la temporada, y en una situación clasificatoria delicada. En el descanso de aquel partido ya se contemplaban varios nombres del que sería el seguro recambio de Bolo en el banquillo, pero desde ese momento todo cambió.

Un equipo nuevo que desde entonces no conoce la derrota. Cuatro victorias y cuatro empates, quince goles convertidos por seis recibidos y cuatro porterías a cero en esta nueva versión del Burgos Club de Fútbol que parece mejorar en cada partido, sin temor al rival y con el objetivo de hacer bien las cosas, no pensando demasiado en posiciones ni metas, simplemente en encontrar la fórmula con la que mejor funcionen los engranajes.

El martes era un partido para dar la cara pero sin altas pretensiones. Un equipo enfrente plagado de jugadores de categoría superior, con calidad diferencial y además con ganas de cerrar el año cerca del liderato de la liga. De este modo podíamos esperar un Burgos tímido y replegado, esperando sus oportunidades a la contra con un bloque muy bajo, pero nada más lejos de la realidad.

Un equipo valiente y agresivo, con las ideas claras y con ganas de aguar la fiesta al históricamente segundo club más importante de Barcelona. Los resultados a ese planteamiento se vieron pronto con el gol de Appin; Duelo ganado en mitad de la cancha finalizado con un golpeo incontestable después de llegar a la frontal con dos combinaciones rápidas, esa era la premisa. El gol local tras el fallo de la defensa no turbó los pensamientos de un bloque preparado para luchar pese a las adversidades, y que siguió con el mismo esquema hasta conseguir el premio en el descuento.

El gol de Grego fue un gran momento de disfrute, de premio a lo merecido, porque a veces el fútbol es justo. No había más que ver las caras de los jugadores antes de retirarse al vestuario para ver su satisfacción, su apetito por lograr algo grande, y si muchas veces hemos achacado al entrenador vizcaíno su tendencia a “guardar los muebles” cuando las cosas se ponían favorables en el marcador, ayer no fue así, pese a que el escenario y el rival podían invitar a ello.

El equipo siguió intentándolo y generando. Llegó el segundo golpe perico, pero el equipo siguió en campo rival, acumulando recuperaciones y oportunidades, y de nuevo el premio. Centro de un Ander Martín que tenía un auténtico papelón volviendo a la titularidad en un partido como ese, sustituyendo a Matos y, además, en una posición que no era la suya, y finalización de Curro, el de la magia, para volver a ponernos por delante en el marcador. El mediapunta onubense volvió a completar un partido magistral, mejorando cada balón que pasaba por sus pies; Quizás lo necesitaba después de una racha no del todo buena. Es la piedra filosofal de este proyecto y si hay algo que no se le puede negar es la personalidad de intentarlo siempre.

Y se siguió remando, quedaba poco pero sabíamos que se haría largo. Tercero del Espanyol y ya el sofá no tenía donde agarrar, los segundos no pasaban y los locales apretaban como nunca. El pitido llegó para la tranquilidad de todos con un aroma de alegría por lo logrado y aún más por las formas de conseguirlo. Se puso en jaque a todo uno de los gallos de la categoría, el equipo sigue creciendo y cogiendo sensaciones positivas. Una plantilla en la que ahora todos parecen sumar, acumulando actuaciones importantes y comprometidos con la causa.

En este punto probablemente lo peor sea el parón navideño. Por delante tenemos dos retos que ilusionan a todo el mundo: la copa y el derbi. Jugadores, cuerpo técnico y afición tendremos que coger energía estas fiestas para afrontar lo que se nos viene encima. Sólo pido una cosa, que nadie nos lo amargue.

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