lunes, junio 24, 2024
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Del negro al blanco

Artículo de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.

De los pitos a los vítores, de la desolación al algarabío, del hundimiento a la ebullición. Todo contraste se queda corto en comparación con lo vivido en El Plantío en la tarde del domingo.

Dos partidos en uno, no hay mejor manera de definirlo. Este Burgos de Bolo nos tiene
acostumbrados a vivir inmersos en una esa famosa montaña rusa que llevamos viendo desde el principio de temporada, pero aún no habíamos experimentado tal disparidad de colores en un mismo encuentro.

Todas las conversaciones de la semana se enfocaban en el mismo tema: el partido contra el Alcorcón marcaría un antes y un después en el devenir de esta campaña; No sólo a nivel
clasificatorio, ya que una derrota nos hubiese metido en un terrible marrón, sino que también podría precipitar cambios en el banquillo.

Esta tensión era latente desde antes del pitido inicial, cuando el runrún ya recorría las gradas del municipal, y fue “in crescendo” según transcurrían los acontecimientos de una primera parte pésima, siguiendo la línea de lo ocurrido en Elda, donde un equipo derrotado
mentalmente y sin personalidad era incapaz de sostenerse ante un rival que simplemente se aprovechaba de las indeterminaciones locales.

La disconformidad se apoderaba de una grada en la que “el sonido de viento” cogía cada vez más protagonismo. Los jugadores percibían este desasosiego generalizado, atenazados y desmañados como nunca, con la sensación de que si llegaba la sentencia en forma de 0-3, aquello podía convertirse en una bomba a presión. El fin de la primera parte fue música
celestial para un equipo prácticamente en muerte cerebral, despedido con una sonora bronca, que recordaba a aquellas tardes de Segunda B, cuando cualquier equipo que costaba situar en el mapa sonrojaba a nuestros jugadores.

¿Quién se iba a imaginar que tras los quince minutos de descanso iba a pasar lo que pasó?, absolutamente nadie. Un Burgos en forma de torbellino, revitalizado y con un terrible entusiasmo por cambiar lo que hasta entonces había ocurrido. Borrón y cuenta nueva en las cabezas de unos jugadores que dieron la vuelta al partido en diez increíbles minutos, contagiando a todos los allí presentes con esas ganas de ganar.

Cuando el equipo se enchufa, la hinchada responde, creando un binomio que es muy difícil de superar. Mención especial al madrileño Alex Sancris, mostrando frescura y viveza desde el minuto uno, siendo de lo poco salvable en la primera parte, y que terminó de explotar en la segunda.

Por momentos pareció que él era el único que quería cambiar la situación, quizás sabedor de que la oportunidad de jugar en Segunda División puede ser efímera, y habiendo pasar tantos años en el barro no quiere desperdiciar su momento. Gol, asistencia y multitud de acciones de peligro generadas con las que será difícil apartarle de la titularidad en la siguiente jornada. MVP.

Es increíble cómo puede cambiar un partido en un segundo, incontrolable para entrenador y jugadores, destrozando pizarras y esquemas; El componente emocional y psicológico de este deporte es innegable, y en partidos como el de hoy se hace axiomático. Todo el mundo se pregunta ahora por qué el equipo no sale así desde el principio, con esa garra y esos “bemoles” que tanto gustan aquí, y que son capaces de hacer morder el polvo a cualquiera, por más contraria se plantee la situación.

El equipo parece haber cogido aire con la capacidad de reacción demostrada, situándonos más cerca del playoff que del descenso, pero la incógnita a despejar sigue siendo qué Burgos nos encontraremos en A Malata el domingo a las dos de la tarde. Plaza realmente complicada, que nos volverá a poner frente a un examen que de una vez por todas debemos aprobar.

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