Los lamentables sucesos del pasado domingo en la capital burgalesa, con peleas entre ultras del Burgos y del Zaragoza exige una reflexión y una toma de decisiones para que no vuelva a repetirse.

Fue bochornoso y lamentable. En la mañana del pasado domingo, grupos de radicales de Burgos y de Zaragoza, protagonizaron peleas con destrozos de sillas en los aledaños de algunos establecimientos de hostelería, próximos a El Plantío. La policía y las asistencias sanitarias se personaron ante la amenaza que constituían para la seguridad ciudadana y la integridad física de quienes participaban en la refriega.

Afortunadamente la situación no fue a más gracias a la intervención de las fuerzas de orden público, pero los incidentes han constituido una alarma para la ciudad y una imagen nada positiva del deporte del fútbol, reflejada por multitud de medios de comunicación de toda España.

La sociedad en general y la inmensa mayoría de quienes vivimos el mundo del fútbol estamos hartos de estas situaciones. Cansados de que una minoría de fanáticos violentos tiren por tierra el buen comportamiento de la aficiones y los valores del fútbol. No es justo ni permisible, que medio centenar de descerebrados, que ven en el fútbol una oportunidad de saciar sus instintos violentos, ofrezcan una imagen tan penosa y censurable del fútbol y desmerezcan el ejemplar comportamiento habitual de aficiones, como la del Burgos, que viaja por toda España dejando buenas relaciones y ganándose el respeto de las ciudades por las que viaja el equipo blanquinegro.

Quienes actúan con violencia, como lo hacen los ultras, radicales y fanáticos, en el ámbito del fútbol, no son aficionados. El aficionado no busca jamás la violencia sino el pasarlo bien y disfrutar con el deporte y para ello necesita a tranquilidad en el desarrollo del espectáculo y la garantía de que, incluso lo que rodea al mismo, está bajo control.

Desde todos los ámbitos es necesario poner coto a estas situaciones violentas como las del pasado domingo en Burgos. Desde los organismos federativos, las autoridades, los clubes y los propios aficionados, que con su actitud, deben aislar y dejar fuera del fuera del fútbol a quienes no respetan las normas y usan la violencia.

Es tarea de todos, también desde los medios de comunicación debemos aportar nuestro granito de arena denunciando estos actos y siendo intransigentes con quienes los cometen, que no son aficionados, sino delincuentes.