El Burgos CF, pese a perder en Lugo, en la primera derrota de la temporada, sigue tercero en la clasificación.

Foto: LaLiga SmarBank

La derrota del Burgos CF en Lugo ha dejado un sabor amargo, tanto en la plantilla como en la afición, pero debe servir también para plantear realidades y afrontar el futuro con la mejor disposición. Estaba claro que en algún momento podía llegar la derrota, aunque quizá no se esperaba el mal juego del equipo ni que se produjera ante un rival de la zona baja de la tabla. Pero así es el fútbol.

Está claro que el Burgos no tuvo su tarde, que fue un partido para olvidar, en el que se juntaron varios factores, por un lado la mala salida al partido, sin apenas presión defensiva, ante un rival muy motivado y necesitado de la victoria, la nula presencia del Burgos en el área local… en definitiva, un Burgos irreconocible con respecto a otros partidos.

Además, un equipo acostumbrado a no encajar gol, se encontró muy pronto con el primero, en una jugada de estrategia mal defendida. Todo en contra desde el principio, sin capacidad de reacción en los primeros 45 minutos y para colmo de males, en los primeros compases del segundo tiempo, otro error defensivo de bulto en un despeje de balón, con mano incluida y clamorosa del jugador del Lugo, que en la misma jugada establece el segundo gol, que ya parecía decidir el partido, como así fue. Las interpretaciones del VAR están creando no pocas controversias, porque no se entienden y dejan un espacio excesivo a la subjetividad ante una reglamentación poco clara. Según nos han explicado, el gol del Lugo basa su legalidad, en que la mano se produce en una juagada que no acaba en gol inmediatamente, sino que la jugada tiene su continuidad unos segundos hasta llegar a la red. Inexplicable, pero nos dicen que es norma nueva desde 2022.

El gol pudo cambiar el rumbo del partido, ya que evidentemente, no hubiera sido lo mismo, llegar a la recta final del encuentro con el 1-0 y un equipo gallego con ventaja mínima, que puede hacer aflorar los nervios, que hacerlo plácidamente, con doble ventaja en el marcador.

Pero al margen de las decisiones de VAR y del colegiado, debemos reconocer que el Burgos no mereció puntuar en Lugo, donde no fue capaz de crear ni una ocasión clara de gol y, lejos de reaccionar, puso colofón al partido con una expulsión dolorosa, que privará al equipo blanquinegro de uno de sus hombres de ataque en el próximo partido. Peor imposible.

Llega el momento duro de asimilar que nada es fácil en esta competición y que el Burgos, a poco que cede a cualquier rival, se puede encontrar con el desastre de Lugo. Ya lo dijo el técnico Julián Calero en su momento, que si el equipo se empieza a creer que es superior a otros irá camino del declive. Solo el trabajo y la concentración al cien por cien en cada partido ha hecho posible llegar a los 21 puntos que el Burgos atesora en la clasificación.

Y no todo es malo, hay un punto de partida en el que apoyarse para que la derrota no haga mella: el Burgos era tercero en la tabla antes del partido de Lugo y sigue tercero después de perder en tierras gallegas. El mal partido no ha castigado tanto al equipo que sigue igual que estaba, el trabajo anterior ha servido para mantenerse en los primeros puestos. Por lo tanto, nada está perdido y lo de Lugo no deja de ser una excepción y servir de lección para no repetir la historia.

Dicen los sabios que lo peor de una caída no es caerse sino no saber levantarse. En ello debe aplicarse el Burgos, en levantarse lo antes posible. El sábado en El Plantío ante el Ibiza tiene su oportunidad.