La llegada al Burgos Club de Fútbol de capital extranjero resucita algunos recelos al recordar historias pasadas.

El Burgos CF sigue su camino por el fútbol profesional, tras lograr la permanencia en su primera temporada tras una carencia de 20 años militando en categorías más bajas. Costó la vuelta a la Segunda División no solo en el plano deportivo sino también en el económico, con no pocas dudas hace ahora un año, de si era posible el regreso al fútbol profesional tras haberlo conseguido en el campo, por los problemas arrastrados de impagos y las exigencias de LaLiga.

Afortunadamente todo pudo resolverse gracias a que un grupo de empresarios burgaleses pusieron el dinero que faltaba durante la competición e hicieron después las tareas necesarias, tras soltar el lastre la familia Caselli, que dejó por detrás no pocas deudas en plantilla, cuerpo técnico, trabajadores del club y proveedores.

Un año después, tras la gestión callada pero eficaz de los empresarios del Grupo Yucon, vuelve de nuevo la intención, o necesidad, de un incremento de capital, para dar mayor solidez y fortaleza al proyecto blanquinegro. Ya no son rumores, sino certezas confirmadas por el club de una cuerdo con inversores japoneses, Septeni Holdings, para que puedan entrar en el accionariado, ahora con un capital de poco más del 20 por ciento, para que en el plazo de una o dos temporadas, la situación sea de control japonés en un 80 por ciento capital burgalés en un 20 por ciento.

No es malo que haya inversores de fuera en el Burgos, que muestren interés por el proyecto, que puedan ayudar a consolidarlo y hacerlo más ambicioso. Pero el hecho de que la entrada de este capital exterior sea en pocos años el mayoritario levanta las lógicas dudas y hace revivir algunos fantasmas del pasado.

Tradicionalmente, cuando el Burgos CF ha estado en manos de empresarios no burgaleses, el Club ha terminado mal, tanto deportiva como económicamente. Y las razones son casi obvias. No es lo mismo el empresariado burgalés, que siente los colores blanquinegros y que vive el día a día con la afición de casa, que el empresario que viene de lejos, que no ha vivido la historia del Club y que busca ganancias a corto plazo.

Cuando al frente del Burgos estuvieron burgaleses, el Club tuvo sus carencias, pasó sus apuros deportivos, faltó en algunos momentos el recurso económico necesario para lograr objetivos ambiciosos, pero el Club no tuvo problemas de desaparición. Desde Valentín Germán, con un a prudente y realista gestión, aunque modesta, hasta Juan Carlos Barriocanal, que salvó in extremis una situación de cierre total, para iniciar una etapa por el desierto, con presupuestos ajustados, la lección aprendida de no gastar más de lo que se ingresa, para garantizar la continuidad. El Burgos ya había sido castigado varias veces con descensos administrativos y desapariciones, para olvidar estas situaciones.

El peligro estuvo siempre en quienes vinieron para irse. Caso de la familia Novoa, que invirtió dos temporadas con objetivos de altura, pero al no conseguirlo, dejó al Burgos no como lo cogió, sino descendido a Tercera División y al borde de la desaparición. Y otro peligro lo vivimos más de cerca hace escasamente un año. Esta vez, con el objetivo logrado, con el ascenso al fútbol profesional, pero con una gestión económica desastrosa, que dejaba al Club al borde de la desaparición si no se pagaban de inmediato las deudas. Fue una gestión socialmente aplaudida, pero peligrosísima en lo económico, con el Club al borde de la quiebra. Hemos escuchado no pocas veces, que de no haber logrado el ascenso en Almendralejo, la supervivencia del Burgos hubiese sido casi imposible.

Y ahora vuelve de nuevo el capital externo, inversores de Japón, llamados a coger el timón del Club en una o dos temporadas. No dudamos de su interés por el Burgos y por llevarlo lo más lejos posible. Pero, si no logran en el periodo previsto el objetivo propuesto… ¿volveremos a las andadas?, ¿resistirán con un Club que no colma sus aspiraciones? ¿Se repetirá lo del adiós y ahí os quedáis?

Este es el peligro exterior, del capital sin corazón que busca resultados pero no entiende de colores. Y no es mi intención caer en sentimentalismos , sino exponer realidades. Por eso, sería muy conveniente, casi exigible, que quienes ahora tienen el timón del Burgos, ajusten muy bien sus decisiones antes de soltar el lastre y dejen siempre una garantía de continuidad, para que no haya sorpresas desagradables. Eso esperamos por el bien de un Burgos CF, que aglutina muchos sentimientos en nuestra ciudad y que no merece que la historia se repita.