Análisis del último partido del Burgos CF en Ponferrada y valoración de los jugadores blanquinegros, uno por uno.

Ponferrada o el Toralín, como el estimado lector quiera decir, no era el escenario más adecuado para salir de allí con la dicha de haber visto un gran partido burgalesista. La situación, por decirlo de alguna manera, acompañaba poco. El Burgos, con los deberes hechos, era una verdadera incógnita a lo que se sumaba el hecho que ha acompañado al equipo durante, prácticamente, toda la temporada: el deficiente desarrollo futbolístico que ha expresado el equipo en sus partidos como visitante.

La esperanza estaba en poder agarrarse a aquello de la falta de tensión tras ver completado el objetivo durante la temporada, o lo que es lo mismo, hacer real las declaraciones llevadas a cabo por el entrenador Calero. Aquello de que quedan «x» partidos para terminar pero los mismos partidos para disfrutar. Acaso no es una buena excusa para cambiar la dinámica y con los nervios eliminados y sin respirar esa tensión de la necesidad, era posible que pudiéramos ver una imagen muy diferente y que, al menos, nos hiciera encontrarnos con un equipo que nos generase sensaciones positivas.

En efecto, poco duró la esperanza. El equipo comenzó a mostrar taras muy pronto, en cuanto el rival quiso incrementar una marcha. Y apareció la cara oculta de la temporada. Porque es cierto que lo que pudimos ver durante los primeros cuarenta y cinco minutos, al menos yo, no los recuerdo. Hemos asistido a partidos con errores groseros, jugadores con un rendimiento muy inferior al mostrado en el Plantío, o fallos en disposición táctica que pasaban una factura muy cara. Pero la apatía, la falta de concentración, las pocas ganas eran propiedades que, al menos hasta la fecha, no habían aparecido en el equipo.

Fue una pena y fue lamentable. El equipo se dejó llevar por el camino incorrecto y se olvidó de que, además de lo «poco» que se podía jugar el equipo, detrás hay una afición, unos sentimientos y un apoyo que ha ido acompañando al equipo en todas las circunstancias: días malos, buenos, peores y maravillosos. No se lo merecía la afición, incluso aun cuando podamos encontrar una explicación humana a lo mostrado en la primera parte del Toralín.

Pero a decir verdad, hay cosas que pueden pasar de largo sin darles importancia y que pueden tener un peso específico mucho mayor del que podemos imaginar. Y, es posible, y ya aviso de antemano, que las lecturas que podamos hacer estén muy alejadas de la realidad. Por eso, y con las ganas de no caer en elucubraciones vagas, pongamos en precedentes buscando la objetividad más rigurosa.

La rueda de prensa que ofreció Calero previa al partido no fue normal. Aquel Calero no es el que conocemos. No fue el entrenador que se le ha visto disfrutar con la continua sonrisa en su boca, con esas arengas de final que nos hacía venirse arriba a todos los que las escuchábamos. La imagen dejada por Calero fue la de cierta preocupación, tristón, serio,… Y lo preocupante no es que el viernes mostrara esa imagen, sino que el sábado, tras el partido, se repitió el semblante.

Y, sí, os doy la razón…, la tenéis. Acaso, todos no hemos tenido un mal día, una mala época… Yo el primero, y probablemente, tu, estimado acompañante de estos ecos, pensarás que eres el segundo siendo serio candidato a quitarme el puesto. Por eso comentaba lo de las elucubraciones. Porque la imagen puede deberse incluso a una incorrecta y mala percepción…; o porque, acertando en la situación, sea como consecuencia de una situación personal, ajena a cualquier relación con el fútbol y trabajo…; o porque, siendo consecuencia de un asunto futbolístico, venga como consecuencia de que Calero no ha sentido el grado de complicidad necesario en su plantilla, en sus jugadores…; y, por supuesto,  porque en la situación de Calero en relación a su renovación, no ve claro su futuro y ve cómo los pétalos de la margarita se acaban y apunta a que la decisión final no es la que ve con claridad diametral. Y, también, o es un compendio de todo… Lo que sí, objetivamente, podemos decir es que el Calero de las dos últimas ruedas de prensa no fue nuestro Calero.

Pero tampoco encendamos la mecha antes de que empiece el conflicto. Si hubiéramos hecho un seguimiento de actitud en el partido, al menos, de cara a la galería que es de lo que podemos hablar, Calero fue el que mostró más entrega e intención de reactivar un equipo que empezó muerto en el Toralín. E incluso cuando se cruzó de brazos como en un mensaje de impotencia a lo que sucedía en el césped su mensaje estaba más lleno de frustración y enfado que de refugiarse en asuntos que deben cumplirse en otro momento.

Ponferrada pasó y siempre nos quedará el Plantío. Este equipo, con las limitaciones que tiene puede… Lo ha demostrado, y seguro que los jugadores son los primeros en variar las sensaciones dejadas en el Bierzo.

A partir de ahí, esta semana debiera ser una semana importante. El tema Calero, el de su renovación o no, debe ser un tema a finiquitar lo antes posible. No hay tanto tiempo. Ya hay equipos en que lanzan ofertas a jugadores que entrarán en el mercado de forma casi obligada y que su continuidad en los equipos actuales queda prácticamente descartada. No estaría de más echar las redes sobre ellos y aprovechar el tiempo que el Burgos puede disponer y que otros, aun pensando en terminar la temporada, no tienen esa disponibilidad y que se convertirán en competidores para ello en un breve plazo de tiempo.

Para acabar, una nota al pie. Poco desarrollada y que no cobre más importancia de la que tiene, porque no olvidemos que el Burgos mereció mucho menos que terminar la primera parte con un 2 – 0 en contra. Pero cierto es que hubo una jugada determinante que desgraciadamente no tiene ni la repercusión ni genera la preocupación que merece. Que un árbitro no vea el penalti claro que sufre Grego Sierra es para estar preocupado. O quizá, para ahondar sobre el escatológico mundo que rodea a esta industria del fútbol plagada de intereses y de decisiones que empañan esa pulcritud que debieran de acompañar. Y ¿el VAR? Para desgracia nuestra, estamos en el momento de que nos preguntamos para qué sirve, cómo actúa y en función de qué se utiliza. Parece claro que pensar que, lejos de estar al servicio del Fútbol, lo está más en esa cuadrilla de «comealubias» y «calientasillones» con fuertes dosis de «sujetacandiles» que tienen. Una lástima. Al menos, nos consuela pensar que no dejan de ser sensaciones. Esperemos que nunca se conviertan en una realidad indeseable.

Las notas del partido

El mejor: Tiene mucho mérito tras salir del banquillo convertirse en el mejor de partido. Y a decir verdad es que, de alguna manera, revolucionó en cierta manera a su equipo y le dio un plus que permitió entrar en el partido. No duró mucho. El mejor del partido fue Guillermo (7).

Alfonso Herrero: Poco pudo hacer en el primer y segundo gol. En el segundo, en la falta directa, independientemente de que estaba lanzada de forma magistral, sí pudo hacer algo más. Por lo demás, encajar tres goles baja nota, pero cumplió con su cometido. (6)

Michel Zabaco: Aunque es el elegido para abandonar el campo cuando hay que variar esquemas, fue de los que mejor nivel mostraron en un pésimo partido. (5)

Raúl Navarro: Sufrió muchísimo en el lateral. Pasó desapercibido en el centro del campo. (4)

Pablo Valcarce: En la línea del equipo en la primera parte, mejoró en la segunda, pero fue insuficiente. Está lejos del mejor Valcarce de la temporada. (4)

Andy Rodríguez: Sus balones al área son un peligro para los rivales. Eso da un valor añadido a su actuación empañada por una primera parte ineficaz y poco comprometida. (4)

Aitor Córdoba: Demasiado sufrimiento en el partido. Tiene mucha más capacidad aunque cierto es que su rendimiento depende también del grupo. (3)

Claudio Medina: En contra de la idea generalizada, el delantero comenzó muy centrado y con ganas. Pero se encontró con un grupo que no le ayudó en nada y en esas circunstancias trazó una línea descendente. Su voluntad y condiciones le hacen ser merecedor del aprobado. (5)

Grego Sierra: En línea con el resto del equipo. Le faltó galones para haberse echado el equipo a su espalda con su veteranía y experiencia. El equipo echó de menos, en la primera parte, alguien que diera un toque de atención y Grego podría haberlo sido. (4)

Miki Muñoz: Le costó entrar en el partido y cuando lo hizo no estuvo como en otras ocasiones. Se le echó de menos, sobre todo en los primeros 45 minutos. (4)

José Matos: No fue el de otras tardes. Sin compañía se perdió en guerras con pocas opciones de ganarlas. Necesitamos el otro Matos. (3)

Ernesto Gómez: En línea con el equipo. Flojo, poco participativo. Puede dar mucho más. (3)

Saúl Berjón: Con su salida al campo el equipo mejoró. Cierto que trabajó en ataque, pero gracias a él el equipo tuvo algunas llegadas interesante. (6)

Juanma García: Su ingreso en el campo favoreció el juego del equipo que se volvió más reconocible. (6)

Álvaro Rodríguez: Con su salida, la banda derecha mejoró. Nota el equipo su ausencia. (5)

Julián Calero: Tiene razón Calero. Si da minutos a los que no los han tenido y sale mal el partido, él es el responsable y en negativo: porqué cambia, porque no saca un equipo reconocible…; si no los da: porqué no da minutos a otros jugadores,… Está en una encrucijada difícil. Intentemos objetivizar. No le salió su planteamiento. El equipo no le respondió. Y, al menos, en su actitud, intentó variar el rumbo pero su equipo no le respondió. Quizá es momento de recordar aquél tercer parámetro para dar el sí a su continuidad y considerar si su discurso tiene valor en sus jugadores. Dentro de que no fue un buen día, estuvo por encima de su equipo. (5)