Antes de jugar los partidos de la semana pasada todo marchaba sobre ruedas. El equipo venía de cosechar dos victorias consecutivas frente a equipos interesantes, más un empate frente al Lugo que hasta se convirtió en bueno. Fue sumar siete puntos en apenas ocho días y eso tiene unas consecuencias. En efecto, aunque, en ese momento, seguíamos mirando hacia abajo, es verdad, que veíamos el abismo, como muy lejano.

Cierto es que, disfrutes y gozos al margen, a pesar del buen momento, algunos mantuvieron el discurso de pies en el suelo y tranquilidad absoluta. Y ese discurso fue el que resultó ganador. En tan solo siete días, la cosa ha cambiado que ahora no solo se mira el precipicio, sino que parece que vivimos en él.

Mal empezó la cosa en Tenerife. Una de las cosas que dejó ese partido fue un exceso de confianza, mal compañero para estos menesteres. Pero fue a peor. Contra el Zaragoza, el equipo mejoró su imagen, volvió a ser reconocible, pero el Futbol (el de la mayúscula) tiene la mala costumbre de castigar en exceso las malas praxis… o quizá no.

Finalmente, nos llegó el protagonista de éste “Ecos del Partido”. No llegó en el momento propicio y eso se notó. Se jugaba contra un líder enchufado, con dinámica positiva y, en estas, ni los jugadores se lo creyeron, y el cuerpo técnico, tampoco. Y así, las opciones de haber dado un susto a los almerienses, a los líderes, se esfumaron casi en el momento de que el avión con destino a los Juegos del Mediterráneo tomó altura. Porque las rotaciones han dejado de  serlo y han pasado a ser “chapuzas” de quien quiere jugar a ser entrenador. Ni el dibujo puesto en escena en Almería, ni los jugadores, cuentan con una explicación lógica a pesar de excusarse nuestro entrenador con eso de “necesitábamos piernas frescas”. Bajémonos a la tierra y no nos olvidemos que hace bien poco hacía, a Calero me refiero, las cosas de sobresaliente.

Es difícil explicar la presentación de un equipo, imposible de reconocer, que  apuesta por un fútbol de ataque cuando su valor está en la defensa. Sí, porque, creo que coincidiréis conmigo que ha habido muchas más ocasiones para jugar con esos dos delanteros, que no se hizo, y, menos, en el del pasado domingo. Además lo de la intención de “pillar a la contra” parece tener bemoles, salvo en los mejores sueños de una noche de verano.

Y claro, nos pillaron y bien. Y pudo ser mucho peor. Pero lo cierto es que la imagen de nuestro equipo fue tan pobre que ni los rivales se tomaron en serio las posibilidades de error que aquello les podía dar. Y se dejaron llevar y resulta que nuestro equipo se presentó con treinta minutos por delante antes de acabar el partido con opciones de hacer algo más. Me recuerda mucho aquellos partidos en la tercera división con equipos visitándonos el Plantío, aferrados a su portería durante 80 minutos, esperando un milagro en los diez últimos. Es otra propuesta futbolística perfectamente válida.

Pero claro, el gol encajado era una distancia larguísima para un equipo que, ofensivamente, navega errático, y que explicar a qué juega se hace harto. Veamos…

Salir con los delanteros que sales para pillar a la contra al rival, sinceramente, no parece muy sostenible. Si quieres pillar a la contra, deberás jugar con hombres rápidos, que duerman en la parte alta y que esperen balones que ganen la espalda de la defensa y no intentos o sucedáneos de ello.

Si juegas con dos delanteros, quizá es más razonable, buscar un juego más o menos elaborado por las bandas, y que terminen lanzando balones al área que puedan ser rematados por los mismos. Con el centro del campo de Almería, todo esto, como que distaba mucho.

Sí, sí, cierto, que el equipo no jugaba a eso. Jugaba a contragolpear. O más, a jugar con lo que hubiera o hubiese, que sinceramente, me parece más razonable y, por qué no, sincero. Calero afirmó lo de buscar las piernas más frescas. Ahora, si es por eso, también podía haber echado mano del juvenil o del filial (o de lo que pueda coger de él (del Promesas me refiero), que no lo tengo muy claro todavía).

Como recompensa (negativa claro) para toda esta desconsideración al sentido común y la lógica, fue encajar el gol en el minuto 2, quedándonos, además, con la sensación de que, tal y como se produjo la jugada, podría acabar como el Rosario de la Aurora. Menos mal que el Fútbol (el de la mayúscula), tuvo consideración y emborrachó al rival de suficiencia para mantener vivo a nuestro equipo.

Es una opinión personal, no recogida de vuestras aportaciones, pero que, seguro, es extendida. Calero es un gran entrenador, pero, pésimo cuando juega a serlo.

El Burgos se ha frenado en seco, y bueno será que hagamos un “reset” y volvamos a la cordura y sentido común. Las locuras no suelen traer beneficios y, si alguna vez lo hacen, son para aplaudir con las orejas y esconderlas, para no tener tentaciones de repetirlas.

Las notas del partido

El mejor: Pues no hubo un sobresaliente en ninguno pero llamó la atención el trabajo del jugador burgalés que sigue siendo uno de los que, con su nivel y su juego, mantiene su regularidad partido tras partido. Michel Zabaco. (Suficiente)

Álvaro Rodríguez: Se le esperó pero no apareció la versión de otras tardes. No estuvo al nivel esperado. (Suspenso)

Eneko Undabarrena: Sorprendió su titularidad. Jugó en el medio centro e intentó presionar y jugar. Se le notó la falta de minutos y probablemente, que es un jugador que debe retrasar su posición para tener opciones de jugar. (Suspenso)

Guillermo Fernández: En esta oportunidad no estuvo solo, pero poco hicieron. El equipo sacó a dos delanteros sin ofrecer recursos para aprovecharlos. (Suspenso)

Riki Rodriguez: Va perdiendo las oportunidades que está teniendo. Ésta era buena para tener el balón, jugarle y mostrar la calidad que se presume. Muy lejos de esto. Le costó entrar en el partido y muchas veces daba la sensación de estar perdido y fuera del sitio. (Suspenso)

Miguel Rubio: De los más sólidos del equipo, aunque estuvo en el ajo en las torpezas mostradas por el equipo defensivamente. Mejor cuando ha jugado por el centro. Ha tenido mejores tardes, ¡cuidado!, también peores. (Suspenso)

Jose Caro: Otra de las grandes sorpresas. Incluso encajando los cuatro goles de Tenerife o el gol de Zaragoza, Alfonso Herrero, ha evitado muchos goles para el equipo. Dicho esto, Caro estuvo bien. Poco pudo hacer en los goles y mostró buenas sensaciones en el juego aéreo. (Suficiente)

Unai Elguezabal: Volvió al nivel de los partidos mediocres. Más perdido que otra cosa, tuvo que hacer una labor que le cuesta mucho y que le hace perder enteros en la parcela defensiva. Lo peor, la tozudez en la tarjeta amarilla. No estará frente a la Ponferradina. (Suspenso)

Alex Alegría: En la línea de su compañero Guillermo aunque quizá estuvo más activo o, mejor, más en el sitio donde podía encontrar algo. Aun así, su equipo no le acompañó y brillar en esas es más complicado. (Suspenso)

Grego Sierra: Pues sigue sin aparecer el Grego que queremos. ¿Se ha perdido?  (Suspenso)

José Matos: Es un luchador valiente y trabajador. Eso le da un plus para estas secciones. Jugadores así los necesitamos. Es verdad que no estuvo al nivel de otros partidos y al final, eso es lo importante en una evaluación. (Suspenso)

Saúl Berjón: Mejoró mucho su imagen con respecto a otras tardes. Tuvo la mejor oportunidad y colaboró en dar otras sensaciones del equipo. (Suficiente)

Pablo Valcarce: No estuvo a gran altura pero la mejoría del equipo coincidió con su presencia en el once. Esperamos más de él. (Suficiente)

Juanma García: Es el jugador más en forma. Si además, trabaja como el que más y da todo lo que puede, es difícil que tenga una mala nota. En Almería siguió con su estilo. (Suficiente)

Miki Muñoz: De cara al manejo del balón por el equipo se ha convertido en el motor. Si él está en el campo, el equipo lo agradece, y así pasó cuando saltó al césped. (Suficiente)

Claudio Medina: Debe mejorar la recepción del balón. Pierde muchos balones de forma innecesaria. Su salida no aportó mucho más de lo que había. (Suspenso)

Julián Calero: Jugó a ser entrenador y le salió como suele ser en estos casos: mal. Apostó por un equipo débil, y además, sin ideas claras para solucionar los problemas que le ponía el rival. No se puede decir que perdiera ante su homónimo… Perdió por sí mismo con decisiones que son complicadas de comprender. No hizo caso del dicho de la gaseosa y experimentó mezclando imposibles. A parte del tópico de la responsabilidad, en éste partido, tiene mucha culpa de lo que pasó.  (Suspenso)