Es el momento de que quienes tienen el futuro del Burgos en sus manos piensen en la ciudad, la afición, el escudo y los colores de un club al que dicen querer.

Todos apostaron en su momento por este proyecto.- Foto: Burgosdeporte

El Burgos Club de Fútbol emprende una nueva etapa. No es una etapa más, aunque en los últimos años ha pasado por muchas diversas. Ahora es diferente, el club blanquinegro acaba de conquistar la categoría de plata del fútbol español, la que ya tenía hace 20 años, pero que perdió por no ser capaz en ese momento de reunir el capital necesario para constituirse en Sociedad Anónima Deportiva. Entonces perdió en los despachos lo que tenía ganado en el campo y 20 años después la ha recuperado haciendo realidad los sueños de toda una afición que lleva años sufriendo y buscando este ascenso. Lo triste de este alegre momento, es que 20 años después, con la SAD constituida, siguen amenazando peligros, dudas y preocupaciones sobre el futuro, también por cuestiones económicas.

Está claro que la gestión de la familia Caselli tiene dos aspectos, la luz de quienes supieron ilusionar una ciudad, poner en marcha un proyecto de equipo que ha funcionado y que ha sabido en una temporada lograr dos objetivos y plantarse en el fútbol profesional. Pero la gestión económica ha sido nefasta, la falta de recursos económicos ha dinamitado el acuerdo de cantera del fútbol burgalés, ha dejado deudas en trabajadores del club, retrasos en los pagos a jugadores y facturas pendientes a proveedores. Todo ello provocando un grave deterioro en la imagen del club tanto a nivel local, como nacional.

Lo importante en estos momentos es que el objetivo del ascenso se ha logrado gracias a un entrenador, que supo aguantar y sufrir media temporada sin sentarse en el banquillo, a un cuerpo técnico y jugadores que se centraron unidos como una piña en el objetivo sin que les influyera la situación y una afición volcada con el equipo que supo dar el empujón necesario en los momentos clave de la temporada para impulsar al equipo a la victoria.

El Burgos es ahora un club con un futuro interesante por delante, inmerso en el fútbol profesional, con una ciudad entera apoyando, dueño de la gestión de su propio estadio por 40 años, con un plantel de jugadores de calidad en su mayoría con dos años de contrato, en definitiva un club muy apetecible para empresas inversoras.

El problema viene de la liquidez económica de la que ha carecido a lo largo de la temporada, lo que ha supuesto, que los empresarios burgaleses, anteriores gestores del club, hayan tenido que poner el dinero para sobrevivir y poder seguir compitiendo. Llegado este momento, se materializó el acuerdo firmado, por el que estos empresarios recuperan sus acciones, con un 85 por ciento, dejando a la familia Caselli con una representatividad del 10 por ciento. Para normalizar esta situación, establecida ante notario, es necesario convocar una Junta General de Accionistas, que los actuales gestores de la familia Caselli no convocan a la espera de recuperar el accionariado, si llegara el dinero que desde el mes de octubre vienen anunciando, aunque nunca fue una realidad.

Los tiempos corren en contra del Burgos, ya que desde la convocatoria de la Junta de Accionistas hasta su celebración deben pasar 30 días y mientras hay que hacer frente a una serie de pagos federativos y de plantilla que son primordiales. Y en estos momentos, aunque el accionariado es de mayoría para los empresarios de Burgos, la gestión del club corresponde a la familia Caselli, mientras no se regularice la situación. Así de complicado.

Sería impensable, que la falta de acuerdo entre las partes y el incumplimiento de los plazos en el pago, dejara al Burgos CF otra vez en caída libre. Algunos advierten de que ese peligro existe. Pero si sucede sería indignante para todos los implicados. Hay quien sostiene que esto es una empresa y que como tal los propietarios en cada momento deciden. Pero no es así. El Burgos CF es algo, mucho más que eso, lleva el nombre de la ciudad, unos colores y un escudo que representan a muchos ciudadanos, sean o no accionistas, y además cuenta con una inyección de dinero público, dinero de todos, a través de las instituciones. El Burgos es algo más que una propiedad privada y eso lo deben saber algunos listillos de las redes sociales, que solo buscan destruir el club.

Es momento de que los implicados en el futuro del Burgos sepan que el tiempo se agota, que las soluciones deben llegar lo más rápidamente posible, y es momento de la lealtad con unos colores que dicen sentir, una ciudad y una afición, que deben anteponer a sus propios intereses, por muy justificados que parezcan.