(Fotografía: SPB/Borja B. Hojas)

Empecemos por el final. Los dos capitanes de un equipo se acercan a hablar. Con gestos, ensayan el gran momento. Entre las sombras de las luces azules de un pabellón en medio de Rusia se susurran a la par: “Una, dos, tres”. Los dos sonríen. Se golpean con cariño. Lo tienen. La prueba ha salido bien, nada puede fallar. Total, ya han hecho lo más difícil. A partir de aquí, todo es pan comido.

Y regresan a la luz, al centro de los focos, al lugar donde, hace un rato, han acrecentado su historia. Cogen el trofeo entre sus manos. “Una, dos, tres”. La copa al cielo. El confeti bañándoles. Otra noche de función que concluye con ovación. El público en pie. Los actores rinden cuentas a sus espectadores, hacen sus reverencias, aceptan los halagos. Todo es merecido. Todo.

El escenario: unas tablas de madera, un par de canastas y un balón naranja. Con esos elementos les bastan para ofrecer su mejor interpretación. Poco les importa si están en Burgos, en Atenas, en Buenos Aires o en Nizhni Nóvgorod. Están firmando el año más glorioso de su historia. La obra de la temporada.

Muchos se frotarían los ojos para comprobar si lo que ven está ocurriendo de verdad, pero una pandemia después ya saben que ese gesto está muy poco libre de COVID, así que se conforman con volver a pensar en ello. Rebobinan en la memoria y, si hace falta, también en la emisión televisiva. ¿Ha pasado de verdad? ¿Lo han vuelto a hacer?

En ese camino entre la realidad y la ficción, se han encontrado con un texto impecable que no se cansan de recitar. Han entendido exactamente qué es lo que tienen que hacer para llevar la felicidad a las casas de miles de aficionados, ya que ellos no pueden acudir a la grada.

Las líneas del guion hablan de baloncesto, pero también de trabajo, de compañerismo, de esfuerzo y de resiliencia. Cuentan la historia de un equipo que, en los últimos nueve meses, ha acumulado tres títulos en su palmarés y ha superado dos brotes de coronavirus; que se ha proclamado bicampeón de Europa y campeón intercontinental; que no conoce lo que es tener techo porque hace tiempo que lo rompió y, una vez flotando al aire libre, díganle ustedes que deje de volar.

En inglés, existe una expresión para ese momento en el que un equipo consigue dos campeonatos de manera consecutiva: ese ‘back-to-back’ que habrán leído en infinidad de ocasiones en los últimos días. Una suerte de ‘volver a volver’, el regreso a tocar el cielo con los dedos, a alcanzar la gloria, a levantar un trofeo de Basketball Champions League en el que aparece inscrito, ya por dos ocasiones, el nombre del Hereda San Pablo Burgos.

No hace falta que se lo diga, porque llevarán haciéndolo varios días, varias semanas y varios meses, pero disfruten de todo esto mientras dure. Sientan el delicado encanto del éxito entre los dedos. Sonrían cuando les hablen de su equipo. Recuerden que ustedes lo llevaron en volandas en los peores momentos. Que todo esto que están viviendo ahora es merecido. Todo.

Y, por si acaso, no se muevan aún de sus butacas. Ha caído el telón sobre este escenario, pero no parece que la función haya terminado. Para mí, que están en el intermedio. Porque da la sensación de que pueden volver en cualquier momento.

Volver a volver a volver.

¿Se imaginan?