Foto: Jarcha/Burgosdeporte

Tras el simulacro de partido que tuvo afrontar el Hereda San Pablo Burgos me viene a la cabeza una palabra con la que podría iniciar cualquier párrafo de cara a poder explicar lo acontecido en el Coliseum, y cómo puede influir en las jornadas venideras de la categoría, y esa palabra es miedo, y no sólo al Covid 19.

Miedo a que la temporada se vaya al traste. La decisión de la ACB de permitir jugar con sólo seis jugadores de la primera plantilla surge de la necesidad imperiosa de continuar la competición sí o sí. En un calendario tan apretado y más con la inclusión de Guipuzcoa, sin apenas fechas disponibles, con unas competiciones europeas que sufren aplazamientos al igual que la competición doméstica, provocan que cada aplazamiento suponga un quebradero de cabeza para la ACB. Eso, y que no hay un protocolo específico de en qué condiciones se puede jugar y en cuáles no (para caso reciente el partido femenino  aplazado al descanso entre Araski y Casademont Zaragoza por la comunicación de un positivo durante el mismo) , hacen que la decisión sea totalmente arbitraria e injusta. Y eso le ha pasado a nuestro Hereda San Pablo Burgos. Creo que el hecho de ya tener un partido aplazado, el de Murcia, ha jugado en nuestra contra en la decisión de jugar el domingo.

Miedo también a seguir siendo el equipo ignorado por la ACB. La mayoría de la afición burgalesa tiene esa sensación desde el domingo, y así lo ha manifestado en redes sociales. La pregunta que se hace muchos es ¿de haber sido Barça o Madrid los que estuvieran en nuestra situación, se hubiera jugado el encuentro? Para la inmensa mayoría la respuesta es no. Seguimos siendo el soplo de aire fresco en la categoría, el equipo gracioso que dicen muchos, pero a la hora de tomar según qué decisiones seguimos en el vagón de cola. Ahora bien, como la situación vivida por los de Peñarroya por desgracia se va a dar esta temporada en más equipos, veremos entonces si hay un criterio objetivo para decidir si se juega o no, o por el contrario lucirán con orgullo el plumero.

El mayor miedo ahora en el aficionado está en cómo reaccionará físicamente el equipo para los próximos compromisos. El hecho de que apenas se haya podido entrenar en los últimos quince días, de las múltiples bajas y del tiempo de recuperación de estas, unido al inicio de la competición europea, provocan un panorama no muy halagüeño para un equipo que debe afrontar dos partidos semanales. Ahora es cuando los nuestro deben sacar más si cabe el orgullo, y demostrar como buenos campeadores que nunca deben darnos por muertos, pues aun así podemos ser capaces de todo. No lo olviden.