Foto: FIBA

4 de Octubre de 2020. El día que la historia del baloncesto europeo tenía reservada para escribir el nombre de Burgos con letras de oro. El día en que doce guerreros vestidos de morado conquistaron el Olimpo con un baloncesto coral, lleno de recursos, sin aspavientos, con la ilusión en una mano y talento en la otra.

Si había un escenario idílico ese era Atenas, y el OAKA el templo idóneo para la gesta. Con esa ambición llegaba el pasado lunes el San Pablo Burgos a la capital griega. No se sentía convidado de piedra y así quería demostrarlo. Y vaya si lo demostró, pues para el Hapoel Jerusalem el partido del miércoles fue una auténtica pesadilla, donde se vieron desarbolados por completo ante el ciclón burgalés. El primer paso estaba dado. Como sucediera en la Liga, quedaban dos partidos para decidir el campeón. Y ahí estaban los nuestros entre los cuatro mejores.

Ante el Dijon se volvió a ver las cualidades de este equipo. Tras el arreón del primer cuarto el equipo supo mantener a raya al rival para colarse en la gran final. El siguiente paso estaba dado. Solo quedaba un escalón, inmenso a priori, para conquistar la gloria. Con la resaca aún reciente por la clasificación, veían como el AEK pasaba por encima de Zaragoza para convertirse en el rival de los burgaleses en la final. El anfitrión, el rival a batir, el máximo favorito hacía los deberes y se metía en la final.

Todos ansiábamos que llegara el domingo. La ciudad respiraba baloncesto, el club veía como las ilusiones puestas en esta competición estaban a un solo paso de hacerse realidad. Su presidente, al igual que en la cabeza de muchos, intuían la pasada campaña cuando arrancaba la competición que era más factible alcanzar la fase final en competición europea que en la nacional. Que la posibilidad remota de un título era menos remota en la Basketball Champions League que en la competición doméstica. Era pensar en grande sí, pero se estaba a tan sólo 40 minutos de poder corroborarlo.

Y llegó el domingo, en una tarde con clima desapacible, quizás para que nadie olvidara quienes somos y de dónde venimos. Para demostrar por qué somos los reyes del norte. Porque desde la distancia, todos pusimos nuestro granito de arena para que el OAKA se convirtiera en la caldera que es el Coliseum. Y que los nuestros así lo sintieran.

Y llegó el partido. Tras un mal arranque que nos hizo temer lo peor, un segundo cuarto memorable dio la vuelta a la tostada y puso los cimientos para alcanzar el título. El 35-12 logrado en el segundo cuarto es para enmarcar. Guarden en vídeo esos diez minutos, y pasados unos años siéntense en el sofá y disfruten de esta obra de arte, la de ver a un equipo tocado sí, pero no hundido, ver como poco a poco lograba sacar la cabeza del agua para ver que la orilla no estaba tan lejos. De ver un grupo de amigos levantándose del banquillo con cada triple de Cook, con cada canasta de Mc Fadden, con cada genialidad de Salvó. Se llegaba al descanso con una ventaja que hubiéramos firmado con sangre antes del comienzo. Quedaban 20 minutos, donde los chicos de Peñarroya se manejaron cual pez grande, manejando los tiempos y el marcador para no tener sustos de última hora que pudieran poner en peligro la ventaja lograda. Y llegó el momento, aquel que todo burgalés ansiaba y nadie se hubiera atrevido a imaginar hace cinco años. Sonaba la bocina en el OAKA que anunciaba el final del partido. El marcador, 85-74, Hereda San Pablo Burgos era campeón de la Basketball Champions. Llegó el momento de saltar, de reír y por qué no, de llorar, de ver como aquel “más lejos que nunca” no era una quimera, y que lo que parecía un sueño, era un realidad con letras mayúsculas.

Ahora queda disfrutar del momento, del éxito, de recordar para siempre uno a uno a todos los que nos llevaron a escribir la página más bonita de la historia del deporte burgalés. Y también de recordar a aquellos a los que esta maldita pandemia les ha privado de vivir este momento histórico, pues seguro que allí donde estén también han empujado con su aliento a los nuestros para lograr este triunfo histórico.

Los chicos de la MODA dicen en una de sus canciones “(…) si les hieren hoy / si les hacen daño / van a intentarlo una vez / y ya están ahí / los héroes del sábado (…). Hoy voy a permitirme el lujo de cambiarles el título de la canción, pues unos chicos vestidos de morado llevando el nombre de Burgos por Europa se han convertido en los héroes del domingo. De aquel domingo en que cambiaron la historia del baloncesto burgalés. Enhorabuena