FOTO: Flor Arnáiz

Hace apenas dos semanas se conocía la noticia del ascenso del Tizona a Leb Oro, apenas cinco años después de aquella decisión de volver a empezar de cero. Quizá no fue el ascenso soñado, pero esta vez la fortuna caía de cara en la decisión de la FEB de no reanudar la competición y determinar el ascenso de los burgaleses por su situación en la clasificación en el momento del parón que, dicho sea de paso, era la demostración del buen hacer de los azulones durante toda la campaña.

Asimismo, el retorno a la Leb Oro demuestra la tremenda ilusión por el baloncesto burgalés que mantienen un grupo de personas, que luchando contra muchos elementos adversos, han vuelto a un lugar que nunca debieron dejar, o en tal caso haber vuelto al mismo tras un descenso y no tras un nuevo ascenso. Saben a qué me refiero.

Ahora se plantea un escenario nunca visto en el baloncesto burgalés. El pasado 3 de Junio se cumplían 14 años del último partido del  CB Atapuerca en la que por aquel entonces era la liga Leb2. Aquel día se conseguía el título ante Gandía, poniendo la guinda a una temporada en la que se había logrado el ascenso días atrás en Ourense y se volvía a la segunda categoría del baloncesto español. Si aquel entonces, alguien se hubiera aventurado a decir que el baloncesto burgalés viviría lo que ha vivido estos años, muchos lo habrían tildado de loco.

Sin contar con Madrid, el baloncesto en Burgos es la envidia ahora mismo en España. Solamente Murcia está en una situación similar a la nuestra. Con un equipo en ACB y compitiendo en Europa, una afición que ha despertado la admiración de muchos, y otro equipo en la LEB Oro, el baloncesto burgalés puede escribir sus páginas doradas dentro la historia del deporte de la canasta. Pero para ello, deben tratar de limar las asperezas existentes entre ambos clubes y ver esta situación como una oportunidad y no como una amenaza como algunos intuyen.

Para San Pablo Burgos tener un club en Leb Oro en la misma ciudad puede ser un trampolín para alguno de sus jugadores a los que el filial se les “pueda quedar pequeño” y tener la oportunidad de jugar en una competición mucho más potente como la Leb Oro, además de poder realizar un mejor seguimiento de esas promesas. Y al CB Tizona tener la posibilidad de alguna cesión que en otras condiciones no sería posible.

Para el aficionado, cuando la situación actual se vaya normalizando por el bien de todos, tendrá ración de baloncesto del bueno por partida doble, pudiendo rememorar de nuevo aquellos viernes donde El Plantío era una caldera, y disfrutando de la fiesta del baloncesto que es cada partido del San Pablo Burgos en el Coliseum.

Ahora toca trabajar duro para que este gran momento del baloncesto burgalés perdure en tiempo, y para ello deben remar todos en la misma dirección, pues recordemos que lo difícil no es llegar sino mantenerse.