Cruz en el Pico de Navas.- FOTO: Sonia Alonso

Los organizadores de la mítica prueba de ‘Trail-Running’, que se celebra cada año en Navas del Pinar y consiste en el ascenso y descenso a la cota más alta del Parque Natural del Río Lobos, han confirmado su decisión de suspender la carrera por “responsabilidad” ante la situación de emergencia sanitaria creada por la COVID-19.

La epidemia de coronavirus también ha afectado a una de las pruebas más emblemáticas de las carreras populares de la provincia. La XII edición de la Subida al Pico de Navas, cita que siempre se celebra el 13 de agosto caiga como caiga ese día, se suspende este año.

Los organizadores -Club Deportivo Pico de Navas, Ayuntamiento de Hontoria del Pinar y el IDJ de la Diputación provincial- han considerado que, tras analizar la situación derivada de la pandemia de COVID-19, deben posponer esta cita de ‘trail running’, enmarcada dentro del circuito de carreras de montaña, que consiste en el ascenso y descenso a la cota más alta del Parque Natural del Río Lobos, donde está ubicada una imponente cruz de madera de más de dos metros.

La cita, marcada en rojo en el calendario de los amantes de las carreras populares y, en especial, de las de montaña, se volverá a celebrar en 2021. Desde la Organización aseguran que:”Es una decisión que estamos seguros todos los afectados comprenderán. Nuestro agradecimiento a voluntarios y patrocinadores sin los que sería imposible celebrar cada año una prueba de estas características”.

LA HISTORIA

Todo se remonta a un domingo del año 1965, cuando, mientras la mayoría del pueblo acudía a misa, el vecino de Navas del Pinar Oriol Gómez Sanz y su cuadrilla se dirigieron al poyo de la puerta de la señora Nicanora. Sentados allí, charlaban animadamente frente a esa llamativa cumbre: el Pico de Navas (1.351 metros), cota más alta del Parque Natural del Río Lobos.

Oriol defendía que era capaz de subir y bajar en menos de 30 minutos, y fue retado por Felipe Gómez a llevar a cabo el envite, apostándose una caja de cervezas. El joven Oriol subió y bajó los 3.600 metros que separan el poyo y la cruz de madera en 24 minutos y 30 segundos.

La leyenda, como sucede en casi todos los pueblos de España, fue pasando de generación en generación, pero nadie, nunca, se atrevió, al menos de manera oficial, a repetirla. Hasta que, en 2008, se decidió convertir aquellos 3.600 metros en una prueba de montaña que, cada 13 de agosto y como prólogo a las fiestas patronales, reúne en Navas del Pinar a decenas de valientes dispuestos a presentar sus respetos ante aquella imponente cruz que preside el lugar.

La majestuosidad de esa montaña, ese Pico de roca caliza en el que apenas se vislumbra un estrecho paso, por el que hay que escalar para alcanzar la cruz que lo corona, tiene un magnetismo especial.

La prueba es considerada hoy por muchos atletas como una de las más duras de la Península