Demasiadas incógnitas todavía por resolver en la sociedad actual a raíz de la pandemia que nos sacude desde hace semanas. Todo está en el aire en la futura nueva normalidad que los técnicos sanitarios esperan que llegue a primeros de julio.

Pero aquí yo he venido a hablar de mi libro. Y mi libro es el fútbol modesto. Ese fútbol que a veces queda en el olvido, pero que tan importante es para muchos. Burgos no es una excepción en un fútbol que abarca desde la tercera división hasta cualquier categoría de pre-benjamin. Fútbol masculino y femenino y que en buena parte de las categorías es más que un simple deporte, es un modo de vida de relaciones sociales.

Primero está la tercera división. Una división que sueña con acabar la temporada con un play-off express con más sombras que luces. La Arandina CF aspira al ascenso de categoría en una final a cuatro entre los cuatro primeros del Grupo VIII. Solo uno de ellos jugará la próxima temporada en Segunda División B.

La teoría parece clara, pero la práctica hace que el fútbol modesto tenga que ser profesional para poder jugarse dicho play-off. Como es lógico y normal para la vuelta a la competición, aunque sea para un partido o dos, se necesitan unos protocolos mínimos. Unos protocolos casi imposible de cumplir en el fútbol modesto. Desde otras provincias y Comunidades Autónomas ya han llegado los primeros equipos que asumen que no van a poder cumplir todas las normas exigentes para jugar esos partidos de ascenso.

Mi humilde opinión -que para eso estoy aquí- es que no se va a jugar. La RFEF ha querido quedar bien con todo el mundo. Sin descensos y con la oportunidad de ascenso para los cuatro primeros, algo que puede quedar en el limbo en unas semanas y ascender así directamente el primer clasificado de cada grupo. La Arandina se mantiene a la espera, pero de jugarse le tocará rascarse el bolsillo y actuar como la situación lo requiere. Es evidente que deber ser así de jugarse, pero no en el fútbol modesto donde hace semanas tenía que haber finalizado la temporada.

Pero miremos a largo plazo y bajemos aún más al barro. Regional, Provincial, categorías inferiores masculinas y femeninas… Todo en cuarentena y sin saber que sucederá después del verano. El fútbol modesto trabaja todos los días al año. Y en otras circunstancias ya se hubiese comenzado a trabajar para la próxima temporada. Ahora se trabaja porque Burgos cuenta con numerosas licencias que no pueden quedar en el olvido a pesar del panorama actual, pero se trabaja a ciegas.

La vuelta a la competición se antoja larga, y el trabajo hasta llegar a dar esas primeras patadas al balón se debe de hacer en la sombra. Falta por ver como quedan las competiciones, en las que es seguro que no habrá descensos en ninguna categoría, aunque ahora eso es secundario. Buscar jugadores, entrenadores, nuevas equipaciones, ayudas económicas, instalaciones deportivas… Todo llega antes de esa vuelta a competir y ahora es imposible de predecir cuando y como tendrán que trabajar directivos, padres / madres, coordinadores, entrenadores e incluso jugadores, implicados desde el principio en cualquier proyecto deportivo modesto.

Demasiadas incógnitas en un futuro incierto que amenaza con devorar una vida, la vida modesta dentro del fútbol. Porque el fútbol modesto no es solo deporte. Son mañanas y tardes de reencuentros. De conversaciones de café en Pallafría. No solo se dan patadas a un balón. No solo se celebran goles en las victorias y se llora en las derrotas. Es una vida para muchos y que no puede acabar. Toca reinventarse y salir adelante. Con mucha ayuda, eso si. La ayuda de todos.

FOTO: Jarcha/Burgosdeporte