Te echo de menos, no quiero mentir… Tu ausencia se nota. Es una sensación extraña que a veces se diluye entre la monotonía de las paredes y otras, en cambio, te recorre la columna alertando su falta. Y no, no es una carencia cualquiera, sino algo valioso, importante.

La ilusión de cada fin de semana. Un recuerdo fugaz de algo que te acompañaba sin percibirlo y era capaz de erizarte la piel en menos de un segundo cuando llegaba. Que te hacía saltar del asiento y gritar con la yugular palpitando en frenesí. Pero ya no está.

Quizá sea una pérdida tan dolorosa como la de Michael la que ha desencadenado estas líneas o quizá sea algo más banal como los martes de Champions sin su habitual “LA CHAAAAAMPIOOONSSS!!” pre partido. No lo sé, pero son demasiados los motivos que las han provocado.

Reconozco que sentí una ausencia parecida cuando tuve que acostumbrarme a acudir a otra “parroquia” para acallar la vocecilla que me atormentaba cada domingo. No era mi sitio. Aunque también reconozco que esta privación ha provocado cosas positivas donde menos lo imaginábamos.

Tu ausencia nos ha dejado ver la otra cara de un mundo monopolizado. Ha reducido espacios, ha provocado despidos y deja un futuro incierto en la profesión. Pero igualmente hemos podido disfrutar de otras formas de hacer lo de siempre, con los de siempre, de la manera más humana que nos dejó Robinson.

No es difícil descubrir a qué me refiero. Algunos incluso habrán reproducido las mismas sensaciones que plasmo en estas líneas durante su lectura. Otros, ‘los fuertecitos’, pensarán que no es para tanto y que ya está a la vuelta de la esquina. O eso esperan. Pero a todos, os entiendo.

Porque fútbol, yo también te echo de menos.