Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.
Existen recuerdos que perduran toda la vida, temporadas mágicas en las que se sueña con algo que se atisbaba improbable y otras en las que el sufrimiento causa un quemazón que conviene no olvidar para que la experiencia sea un grado. Cursos que van pasando y sobre los que en el futuro hablaremos con nostalgia, formando ese “callo burgalesista” del que, por suerte, cada vez más gente es adicta.
Atrás ya queda una temporada memorable en la que tocamos con la punta de los dedos algo que aún seguimos sin entender cómo se pudo escapar. Jugadores que por tesón, esfuerzo y compromiso ya serán recordados eternamente, a la espera de que su relevo ojala convierta esa efeméride en el inicio de algo aún mejor.
Un verano inquietantemente extraño, en el que algunos se empeñaron en empañar el orgullo que se abrió paso después de la inmensa tristeza que sentimos con el pitido final de la jornada cuarenta y dos. Noticias dolorosas que no solo han dañado la fortaleza de una plantilla que parecía inquebrantable, si no que han vuelto a abofetear al socio en algo que ya se ha convertido en costumbrismo de la temporada estival.
Muchas caras nuevas, sobre todo la de un entrenador con indudable buena trayectoria futbolística pero sin experiencia en la categoría, con todo lo que eso conlleva. Un estilo de juego, a priori contrapuesto a lo que estábamos acostumbrados, pero que aún es un melón por abrir y para el que aún necesita varias piezas que, hasta este momento, son puros rumores.
A todo esto se suma una pretemporada que ni mucho menos ha ilusionado y que ha mostrado más carencias que fortalezas de un equipo que no ha mostrado un esquema claro, con muchas alternancias en las posiciones y en el que el once que se disponga el domingo a las siete de la tarde será difícil de adivinar.
Es cierto que a todo cambio le van unidas miles de dudas y que es demasiado pronto para elucubrar el futuro, pero se antoja probable que este equipo necesitará tiempo para acoplar todas las piezas y en el fútbol no es un sustantivo del que se suela abusar.
Es la primera temporada desde que ascendimos en Almendralejo en la que nos enfrentamos a tantas pérdidas importantes en el campo sumadas a la pérdida del entrenador y esto, sin duda, da vértigo.
Solo queda esperar un debut feliz ante un Córdoba que pese a sufrir considerables modificaciones en su plantel sigue bajo la batuta de un Iván Ania que asegura verticalidad, dinamismo y riesgo. Porque, como ya bien sabemos, la victoria es la única receta para la tranquilidad en este deporte.















