Sin riesgo y sin premio

Comentario de actualidad de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF

Dicen que quien no arriesga no gana, pero en muchos partidos ese aviso se interpreta con calculadora en mano. No es una cuestión de falta de talento ni de valentía, ya que la Segunda División ofrece ejemplos sobrados de equipos que proponen, presionan y atacan, sino de contextos concretos y decisiones puntuales. En ciertos encuentros, el miedo a conceder pesa más que la ambición por marcar, y la prioridad pasa a ser cerrar espacios, juntar líneas y sobrevivir antes que ir a por el partido.

Porque ganar exige algo más que resistir. Exige atreverse. Exige aceptar que atacar deja espacios, que equivocarse forma parte del intento y que el éxito solo aparece cuando se cruza la línea del riesgo. Un partido planteado para no perder puede acabar, precisamente, en nada: sin emoción, sin gol y, sobre todo, sin recompensa. En el fútbol, como en la vida, defenderse es necesario; conformarse, nunca suficiente.

No podemos ocultar la desilusión. Desilusión por no haber sido más valientes en un desplazamiento que se antojaba clave y en el que todas las quinielas sumaban los tres puntos en aras de conseguir alcanzar el playoff final. Desequilibrio clasificatorio al que se añadía la fuerza de una afición que viajó en masa para volcar, aún más, una balanza que parecía decantada desde el principio. 

Se esperaba un Burgos más intenso, más “alto”, que de verdad plasmara sobre el césped ese hambre por mostrarle a la categoría que las historias de éxito también pueden ser escritas por protagonistas inesperados, pero el guión de siempre no cambió. Un equipo con el mismo patrón: cerradito, junto y sin conceder nada a un rival al que le fuimos dando los galones durante el encuentro con la esperanza que un fallo propio los condenara, primando nuevamente lo de atrás a lo de delante.

La tranquilidad de Ramis, dando por bueno el punto conseguido, contrastaba con la inquietud de los aficionados que viajaron a Anoeta y que entendían como una oportunidad perdida lo ocurrido en los noventa minutos; Pero si algo no se le puede reprochar al tarraconense es que la fe hacia su propio trabajo es total, confiado de que lo que puede parecer esta jornada un paso atrás, se puede convertir en un salto hacia delante en la siguiente.

Antes del partido en Castalia, con el equipo a un punto del ascenso directo, todos en nuestro interior sabíamos que un bajón de puntuación llegaría. Un momento en el que el equipo dejara de sumar de tres en tres y nacieran pensamientos de incertidumbre sobre si todo el esfuerzo de la temporada quedara en balde si no se consiguiera el gran premio final. Puede que ese momento haya llegado, pero más por méritos que por suerte, seguimos con las opciones intactas para seguir soñando.

Cuatro partidos por delante. Cuatro jornadas por delante en las que ya no hay colchón ni margen para esperar acontecimientos: lo que no se intente ahora difícilmente podrá corregirse después. Porque a estas alturas hay mucho más por ganar que por perder.

Arriesgar no garantiza el premio, pero no hacerlo casi siempre conduce al arrepentimiento. El fútbol, pese a la longitud de toda la temporada, se decide en momentos concretos, y este parece uno de ellos. Atreverse puede marcar la diferencia entre acabar defendiendo lo conseguido o recordando lo que pudo ser y no fue.

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