Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.
No siempre se puede ganar, ni convencer, ni si quiera puntuar para maquillar un mal partido. En cuarenta y dos jornadas los obstáculos y dificultades van a ser muchos y muy diferentes. Equipos más alegres, más cerrados, en mejor y en peor racha plantean cada jornada de manera diferente. El David que se suele convertir en Goliath y la torre más alta que cae contra el soldado que parece más débil aporta una belleza inusitada a una competición que nos tiene acostumbrados a los altos y a los bajos, al subidón y a la “bajona” y a lidiar después de cada jornada con un cúmulo de sensaciones difíciles de ordenar.
Castellón se planteaba como una visita muy importante, de esas que podían marcar el devenir del futuro, tanto por puntuaje como por seguir surfeando esa ola positiva que jornada tras jornada parecía coger más y más metros. Imposible ocultar que el equipo no encontró su mejor versión y el juego contra un rival, sobre el papel, de igual nivel, dejó más dudas que certezas, pero conviene recordar el contexto y la exigencia de una Segunda División en la que nadie regala nada, y en la que lo que parece claro en una jornada, se desvanece hasta la volatilización pasadas dos más.
Precisamente por eso, hoy toca mirar más allá del marcador y quedarse con el camino recorrido. Este equipo ha demostrado carácter, talento y una capacidad competitiva que no se borra por un mal encuentro. No es momento de reproches, sino de confianza. Porque quien ha sido capaz de ilusionar, de competir de tú a tú y de mostrar un potencial real merece crédito. Creer sigue siendo una obligación cuando las pruebas, aunque no sean las del último día, están ahí.
Injusto sería señalar en este momento a culpables de un encuentro que si la precisión se hubiera aliado con Mollejo quizás estaríamos hablando de otra cosa. El fútbol son momentos, acciones y acierto. Puede que el suflé bajara su volumen ligeramente pero este equipo ha demostrado rendir muy bien después de este tipo de golpes, porque pasar de sentirse inmortal a volver al mundo terrenal es una oportunidad para aprender de los errores cometidos.
Por suerte, durante una temporada futbolística, el tiempo para pensar entre partido y partido es muy breve, aproximándose el siguiente rival sin lapso de acordarse demasiado en lo negativo del encuentro anterior. Este deporte también va de saber mirar hacia delante. Cuando la temporada está siendo buena, incluso los tropiezos se entienden como parte del camino y no como un obstáculo definitivo. Lo construido hasta ahora no desaparece por un mal día; Permanece el trabajo, la identidad y la sensación de que este equipo tiene recorrido.
Como dijo aquel: “el verdadero éxito no es ganar siempre, sino levantarse después de perder”. Y este equipo, por lo visto esta temporada, ha dejado claro que tiene argumentos de sobra para seguir creyendo y para afrontar lo que viene con ambición y confianza.
Solo existe una fecha. Sábado veinticinco de abril. Seis y media de la tarde. Día blanquinegro.
TODOS AL PLANTIO.












