Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF
A estas alturas de la temporada nadie va a descubrir el guión en el que se encuentra más cómodo nuestro Burgos Club de Fútbol. Partidos espesos, trabados, en los que no pasen demasiadas cosas y en el que el desgaste mental de chocarse una y otra vez contra una roca provoque una fisura en el rival que aprovechen nuestros jugadores para llevarse los tres puntos.
Hemos de reconocer que el estilo ha ido evolucionando, madurando desde un fútbol básico en el que reducir al mínimo los errores propios era lo primordial hasta lo que ahora se plantea en el césped. Un equipo mucho más equilibrado entre defensa y ataque, con ligeras variaciones tácticas que han dado más alegría y fluidez al movimiento del balón, mejorando mucho lo que hasta hace poco eran exiguas posesiones.
Esta semana con tres partidos en escasos siete días planteaba un gran brete a un Luis Miguel Ramis cuya mayor fortaleza había estado en confiar al máximo en sus once de inicio, apenas dando oportunidades a los hombres de banquillo cuando la situación le había obligado a ello. Difícil papel también para quienes, después de haber visto casi todo el año los toros desde la barrera, deberían de asumir la responsabilidad en el momento más crítico de la temporada.
Cambios necesarios pero que aseguraban mayor descontrol, desalineando un rígido esquema muy complicado de mantener dadas las características futbolísticas de dichos relevos. Las dudas ante lo desconocido también sacudían a una afición no acostumbrada a ver esos nombres en las alineaciones iniciales, provocando un sentir común: esto, o sale muy bien, o sale muy mal.
El resultado ya todos lo sabemos. Esta plantilla rinde, sea quien sea quien juegue. Lo que parecía un insuficiente punto conseguido el miércoles contra el Ceuta después de todas las ocasiones disfrutadas, hoy, parece increíblemente valioso saboreando el siete de nueve conseguidos. Las rotaciones también dieron la cara, y lo que podía generar dudas, ha acabado enchufando a todos esos de segunda línea, erigiéndose como alternativas muy validas cuando la ocasión lo requiera de aquí al final de temporada.
Y es que, si bien sabemos cual es el guión favorito del equipo, cada uno de estos tres encuentros han tenido nudos muy diferentes. El primero refugiándose y sacando las uñas al final, el segundo como protagonistas sin premio a los méritos realizados, y el tercero un partido a golpes en el que faltó control pero sobró carácter, ganas y fe. Tres identidades diferentes en un equipo que está comenzando a mostrar versatilidad, demostrando a los rivales que si se trata de competir, da igual el estilo que haya que utilizar.
Estamos lanzados. Se ha hablado mucho sobre lo importante que es llegar bien, en línea ascendente, a las últimas diez jornadas. Y quedando ocho en juego parece que no podíamos llegar mejor. Nuestro particular Tourmalet parece que comienza ahora, tres jornadas que seguramente diriman el resultado final de esta bonita historia, pero que afrontamos sin temor, como quien tiene la confianza necesaria de enfrentarse a quien venga.
La energía y la fuerza no puede faltar el sábado en El Plantío, pero también el agradecimiento a esos que nos están haciendo disfrutar de esta manera, llegando a dónde ni el más positivo podía imaginar. Pase lo que pase, esto ya no nos lo quita nadie.












