Rigor y sacrificio

Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.

Un escenario complicado, donde nadie gana. La labor iba a resultar ardua, resistir e intentar conseguir algo positivo en un feudo que esta temporada está resultado inexpugnable, contra un equipo enrachado que iba a entender ese partido como la última oportunidad para cerrar la brecha con el play-off. La historia tampoco ayudaba, una victoria y solamente tres goles a favor en las nueve visitas a Ipurua como complemento a toda la estadística negativa posible.

Ante esto, un Burgos que parecía no asustarse ante tanta negatividad. Fiel a su estilo, no suele intimidarse por lo que tenga enfrente, sabedor de que el potencial del rival será reducido al golpear una y otra vez contra una maraña defensiva que cada vez está mejor conformada, aprovechando además las pocas oportunidades de las que se disponga para hacer dudar al oponente sobre el destino del partido.

Y nuevamente, sobre este guión transcurrió el encuentro. Un Eibar que comenzó impetuoso, con ganas de seguir engrosando los números como mejor local de la categoría, ante un Burgos cómodo, tranquilo y seguro del plan que estaba predefinido en la pizarra. Una guerra de desgaste, más mental que físico, en la que los armeros gastaban energías chocándose continuamente contra el mismo muro y los de Ramis aguardaban fuerzas para intentar la estocada más adelante. 

Un partido que los nuevos “gurús” del fútbol llamarían arcaico o sin fundamento, primando guardar las espaldas a buscar las debilidades al rival, y que la única manera de resolverlo pasaba por un fallo ajeno, que nunca llegó. Empate justo, aunque si alguien estuvo más cerca del premio final, ese fue un Burgos que volvió a contar con escasas pero buenas oportunidades en área rival. 

Estando en la posición que estamos, puede resultar incluso irresponsable decir aquello de que los partidos se viven con tranquilidad, pero es lo que este equipo transmite. Serenidad por saber que es muy difícil ser batido y a partir de ahí aprovecharse de las necesidades del contrario para ponerle en aprietos sin perder el equilibrio. Un plan que se repite jornada tras jornada, con ligeras adaptaciones dependiendo del rival, pero repitiendo un factor común: el rigor y el sacrificio por el beneficio común. 

Y es que cada vez sobrevuela más alto esa sensación de que este equipo va a estar muy cerca de darnos una alegría. Nadie se atreve a asegurarlo al ver los transatlánticos a los que nos enfrentamos, pero tampoco nadie osaría a decir que no vamos a competirlo y que no estaremos incomodando hasta al final a esos que en sus objetivos iniciales si que estaba subrayado en fosforito aquello de jugar la fase de ascenso.

El Cordoba será nuestro siguiente escollo en un camino que nos conduce a la jornada previa para enfilar esas últimas diez de las que siempre se habla como claves en el devenir del final de temporada. Un cuadro andaluz que viene en la peor racha del año, pero por aquí ya han pasado muchos equipos en la misma situación, para nada convirtiéndose en tres puntos directos sin disputarlos.

Lo que está claro es que pase lo que pase el domingo, el equipo seguirá luchando, porque a estos chicos se les pondrá discutir muchas cosas, pero la fe y el saber levantarse desde luego que parecen irrenunciables.

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