lunes, marzo 9, 2026
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El Plan de Ramis

Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.

Siempre se dice aquello que los derbis son partidos especiales en los que la clasificación deja de tener un peso determinante en detrimento del componente sentimental que los acompaña. Y es que en un derbi, el fútbol trasciende el terreno de juego. La grada se convierte en un actor decisivo, un impulso emocional capaz de transformar la intensidad de cada jugada y elevar al equipo local más allá de sus límites habituales.

Cinco de los últimos siete derbis habían acabado en victoria rojilla, decantando una balanza estadística que parecíamos dispuestos a romper confiando en nuestras fortalezas y, sobre todo, aprovechándonos de las dudas de un Club Deportivo Mirandés que ya le condenaron en la ida. Un equipo jabato que pese a tener ciertas similitudes en el modo de juego, arrastra enormes problemas en las áreas que le están condenando a ver cada jornada la salvación más lejos. 

Un derbi en el que los puntos apremiaban a ambos, pero con un exagerando contraste, desde lo más alto a lo más bajo de la clasificación, desde la motivación por un ilusionante playoff a la necesidad de no caer del fútbol profesional con lo que eso conlleva. Porque aunque sintamos que nuestro equipo se la juega en cada partido para no descolgarse del tren de la Primera División, el que de verdad se la juega es el que siente el precipicio en sus talones, arrastrando con esa caída a tantas y tantas familias que viven gracias a unos colores. 

Tintes similares al último encuentro en Zaragoza. Un Burgos cómodo dejando llevar la “iniciativa” a un inocente contrario que siendo incapaz de generar peligro, además se exponía facilitando la labor de un Burgos Club de Fútbol que no necesitó demasiado para lograr ventaja en el marcador con otro tanto brillante de David Gonzalez. ¿Quién dijo aquello de que nadie puede ser profeta en su tierra?. Otro burgalés besando el escudo en un derbi. Otro momento para el recuerdo.

La inmejorable tarde la redondeó el dieciséis. Ese que pese a llevar un año para nada brillante, no deja de pelear e intentarlo, asumiendo otro rol, no tan protagonista pero igualmente necesario. Aquel al que la grada no ha dejado de acompañar, a sabiendas de que el éxito del equipo pasa por su liderazgo y dirección. Ejemplo de no rendirse que tuvo premio con ese gol que también la grada empujó al fondo de las mallas. Curro Sánchez llévame al play off. 

Las cuentas eran claras, si queríamos optar a algo grande, había que ganar a los dos colistas, y así ocurrió. Victorias solventes, sin demasiada lucidez, pero que suman seis puntos providenciales para seguir soñando. Continua la línea ascendente de un equipo que cada semana muestra más mimbres de madurez y de saber comprender la categoría.

Premio al trabajo de un Luis Miguel Ramis que empieza a sonreír y eso significa que su plan ya está en marcha, sin querer protagonismo, solo con el mensaje de seguir trabajando sin hacer demasiado ruido, porque siempre hay un tapado que se cuela en la fiesta y que, sin esperarlo, acaba siendo el centro de atención.

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