Comentario de opinión de Jairo Velasco sobre la actualidad del Burgos CF.
Hay tardes en las que uno siente que el fútbol todavía tiene algo de poesía, y la del sábado fue una de ellas. Porque ver ganar a tu equipo siempre es especial, pero hacerlo con los goles de dos chavales de aquí, dos González de los que cualquiera en la ciudad podría nombrar sin pensar, tiene otro sabor. Crecieron soñando exactamente con esto: jugar en el campo donde un día se sentaron en la grada con sus padres, defender los colores que llevaban en la mochila del colegio y escuchar su nombre coreado por la misma gente con la que compartían calle y barrio.
Los dos tuvieron que marcharse muy pronto, como tantos de aquí que buscan una oportunidad donde sí las hay, pero el destino quiso que volviesen ya hechos y preparados para asumir un rol importante, y así lo demostraron. Uno abrió el marcador, el otro lo sentenció. Dos goles que no solo dieron tres puntos: recordaron a todos que, aunque esta tierra dé pocas facilidades, sigue produciendo jugadores capaces de cumplir ese sueño que muchos compartimos desde pequeños.
Dos luces en una nueva tarde con poco fútbol, que pese a que empezó con esa nueva propuesta de tener balón y generar oportunidades desde atrás, pronto se extinguió tras diez minutos en los que el equipo salió con hambre de remendar la abultada derrota de Málaga. El fin justifica los medios y un resultado positivo hace olvidar cualquier estadística negativa, pero volvimos a ver a un equipo muy plano, y que con apenas un treinta y seis por ciento de posesión y poco más de doscientos pases resulta totalmente dependiente de su efectividad.
Especialmente sangrante resultó volver a encajar un tanto como tantas veces hemos visto esta temporada: desde el saque de banda. Una jugada tan simple se ha convertido en nuestro principal talón de Aquiles defensivo, siendo ya algo sistemático que nuestros rivales lo usen una y otra vez, sabedores de que van a sacar rendimiento en una jugada que muchos consideran poco provechosa en el fútbol.
Un empate que podía parecer previsible, e incluso tardío, por los acercamientos de un club pepinero que con los cambios ganó empuje y desequilibrio, ayudado también por un Burgos que se metió muy atrás repitiendo el guión que ya vimos contra el Zaragoza. El campo parecía estar inclinado hacia la portería de un Cantero que quizás pudo hacer algo más en el gol, pero esto es la liga Hypermotion y aquí no se entiende de sensaciones, dinámicas o previsiones.
Otro fogonazo bastó, y repitiendo la jugada del primer gol pero a banda cambiada, con otro González como protagonista, los tres puntos se quedaban en casa de la forma más bonita, con un gol en el descuento. Cabezas burgalesistas que lo primero que buscan en la celebración es señalar un escudo que de verdad tienen grabado en el pecho, porque no puede haber algo más bonito que celebrar con los tuyos un sentimiento común.
Puede que no sepamos demasiado bien cómo hemos llegado hasta aquí, peleando a codazos con los gallos de la categoría por un puesto en la zona noble, pero habiendo alcanzado un puntuaje tan alto a estas alturas de la temporada empezar a soñar puede pasar de utopía a realidad. El partido en Las Palmas puede que no sea uno más, puede ser ese punto de inflexión que tomar para volver a hablar de aquel: ¿y si sí?.












