lunes, junio 24, 2024
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Felicidad

Hoy, con vuestro permiso, no voy a hablar de alineaciones, ni de esquemas, ni de los aciertos y fallos de Bolo en el planteamiento. Hoy voy a hablar de sentimientos, de emociones, de la cara que hemos lucido los burgalesistas en el trabajo y de una canción que no para de resonar en nuestras cabezas.

Ayer era un día importante y todos lo sabíamos. ¡Hoy se gana, sí o sí!, era la frase más escuchada en la previa del encuentro. Miércoles a las 21:30 de la noche, horario que rechina a cualquier aficionado, más de pijama que de bufanda y camiseta; pero nada más lejos de la realidad, los aledaños repletos y muchas ganas de desquitarnos del derbi. Cierto aroma a revancha, pese a que el rival fuera otro y rabia por pagar los platos rotos contra un Leganés, líder de la clasificación y que únicamente se había dejado puntos en dos de los ocho partidos disputados hasta el momento.

Esa misma sensación trasmitieron los jugadores desde el calentamiento. Poco tiempo para pensar en lo errado en Valladolid, y esa era la mejor noticia. El equipo sabía que se necesitaría mucha energía para doblegar al rival y no dudó en ir a por ello desde que Caparrós Hernández hiciera sonar el pitido inicial. Treinta segundos bastaron para que todas las dudas que pudiera haber sobre el equipo volaran por los aires; cómo no, Curro ponía por delante y provocaba el éxtasis generalizado. El tanto se celebró tanto dentro como fuera del estadio, ya que muchos aficionados aún aguardaban en las largas colas habituales para acceder a El Plantío, y a partir de ahí todo lo que ocurrió se quedará grabado en las retinas de muchos aficionados para siempre.

En los dieciséis años que llevo como socio del Burgos CF he vivido muchas cosas, seguramente muchas más negativas que positivas. Si tengo que poner el foco en alguna que especialmente me haya marcado me acordaría del silencio que apoderaba de los autobuses en las vueltas de los desplazamientos. Más de cincuenta personas calladas y pensativas, reflexionando sobre por qué habíamos vuelto a perder y si llegaría algún día en el que fuésemos nosotros quien riéramos. Asumiendo que eso tendría que ser así desde el momento en que ibas a las antiguas oficinas a comprar la entrada, y pese a que el corazón te esperanzaba hacia un posible triunfo, la cabeza te preparaba para el más que probable final.

El día de ayer me acordé de muchas caras, de muchos a los que denominamos “los de siempre”. De tantos rostros de decepción, de tantas tardes de frío y de tantos kilómetros recorridos perjurando que no ibas a volver para aguantar esos ridículos. Fue una noche de recompensa que pesa mucho más que todos los malos momentos vividos, de unión y burgalesismo a la máxima potencia. Alegría infinita, felicidad.

Enhorabuena a “La Hinchada del Arlanzón” por desvivirse en cada canción, en cada previa, en cada partido para que todos experimentemos momentos como los de ayer. Mención especial merecida tras este difícil inicio de temporada en el que una vez más se los ha señalado sin comerlo ni beberlo. Sin ellos El Plantío no sería tan especial como es.

Enhorabuena al resto de las peñas por dejar las diferencias a un lado y sumarse al unísono en un día tan especial. Esa canción no fue solo una reivindicación común de nuestro amor por este escudo, fue una demostración de que sumando energía, la fuerza grupal se convierte en infinita e imparable.

Enhorabuena también al resto de aficionados, incluidos los que acudieron por primera vez a nuestro templo. A los que muchas veces se tacha de “comepipas” y que gritaron como el que más aquello de “el Burgos es, toda mi vida”. Partidos como los de ayer son los que hacen afición, y no por lo visto en el verde, porque son los que de verdad te meten el blanco y el negro en el alma, y ese veneno ya no se va.

Y por último, muchas gracias a la plantilla y al cuerpo técnico. Un conjunto que desde hace ya unos años parece entender perfectamente a la ciudad. Que lucha, brega y no se guarda ni un gramo de energía. Que se mimetiza con la grada y se hace enorme cuando comparten dirección.

Aprovechemos esta ola, que va mucho más allá del ámbito deportivo. Hace unos años, y no hay que irse muy lejos, se convertía en reseñable ver una niño con una camiseta del Burgos CF y ahora es el regalo que piden a Sus Majestades de Oriente.

Esto va de sentimiento, de orgullo y tradición.

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