No corren buenos tiempos para el Burgos CF. Las dos derrotas consecutivas frente a Villaralbo y Segoviana han dejado tocados al equipo y a su entorno. Y si fácil es sembrar dudas alrededor, mucho más si el equipo acumula derrotas terminando por perder el liderato.
De poco o nada sirven las afirmaciones que dicen que es el equipo con una de las mejores plantillas de toda la tercera. Todo lo que rodea al club tiene una sensibilización especial que facilita el hecho de elevar críticas y que éstas, vengan de todas las direcciones.
Aislándonos de esto, o, al menos, intentándolo, lo cierto es que el Burgos no ha sido el equipo que todos esperábamos y las sobraturas que podíamos prever al inicio de campeonato, se han quedado en meras ilusiones. El equipo no funciona porque quien aspira a quedar en lo más alto debe salvar los escollos de rivales directos logrando aunque sólo sea, en términos pugilísticos, la victoria a los puntos. Lejos de ello, el equipo, transita a la cola de este grupo de cinco elegidos que parecen jugarse el puesto por la disputa de la fase de ascenso. Pero tampoco cabe mucha mejor opinión contra equipos de la parte media o baja. La pérdida de demasiados puntos en el Plantío y, sobre todo, la forma de perderlos, unida a la forma de ganar otros, sembraron de dudas, muchas dudas, el rendimiento de una plantilla que parece llamada a más altas cotas.
La llegada de Troiteiro pareció revolucionar el equipo. Se vieron nuevas maneras y el equipo dejó entrever formas que, desgraciadamente, todo parece indicar, que eran un mero espejismo.
Atendiendo al juego, en la mayoría de los partidos, el equipo no engancha. Puede ser porque los rivales no ofrecen, no sé si porque no pueden o no tienen o no les interesa, ese juego que facilite las cosas, pero el Burgos no debe caer en la búsqueda de complicidades para hacer su trabajo y hacerlo bien. Cuando han existido resultados más holgados, se han conseguido echando mano a determinados momentos, y no a mostrar una línea continua de juego a lo largo de todos los minutos que se disputan. El Burgos resuelve en fogonazos, como en lapsus de tiempo que dejan sin opciones a sus rivales. Cuando le han venido tiempos peores, el equipo ha fallado, y, los mejores equipos han logrado algo positivo en los enfrentamientos.
A todo esto, Carlos Tornadijo, entrenador del equipo, no da la sensación de tener las ideas muy claras. Esto, a estas alturas de la temporada, es grave. Las alineaciones siguen siendo como en tiempos de las probaturas y ese once fijo que todos los equipos parecen necesitar llegar a él lo antes posible, el Burgos sigue sin tenerlo. Así, hemos visto jugadores que han saltado desde la grada hasta el once titular y vuelta a la grada, otros que han perdido su condición cuando en los partidos parecían rendir y sobre todos, jugadores que se han escondido o eliminado en muchas fases de la temporada y que el técnico no ha demostrado estar a la altura para poder salvarlas.
Más el juego táctico tampoco es para lanzar cohetes. Salamanca, máximo artillero vuelve a convertirse en un trotón del campo que se aleja de la zona de peligro, mientras que Troiteiro deambula por decenas de posiciones sin encontrar una fija. Laterales que se convierten en extremos sin que centrocampistas cubran sus subidas, y centrales que juegan a la búsqueda del grial, o, lo que es lo mismo, de hacer la jugada de su vida, dejando al descubierto la zona donde deben ejercer su trabajo. Son elementos, que, a mi modo de pensar, hacen que el equipo termine por estar totalmente confuso y fuera de sí.
A esto cabe sumar la fragilidad de nuestro sistema defensivo. Nuestra línea zaguera muestras demasiadas facilidades en los balones a la espalda, sin decir que, cualquier momento malo, se torna en desconfianza y regalos al contrario. Y nuestro centro del campo, que en pocas ocasiones logra la dirección de orquesta propia para imponer el ritmo y el juego deseados para este Burgos. Finalmente, la delantera, más deambula que remata. Más sueña con balones, que recibe e intenta rematar. El equipo muestra especiales carencias en este punto y cuando el futbol de toque no les permite llegar hasta zona de peligro, el plan b queda muy lejos de lograr imponerse. Las jugadas a balón parado no existen, los centros al área, mal dirigidos o ejecutados, y con este panorama van pasando las jornadas con más pena que gloria.
Es difícil dar una solución al problema. Creo, sinceramente, que una solución con garantías no la puede dar nadie. Algo hay que hacer, eso no me cabe la menor duda. Además, lo que se haga, hay que hacerlo ya. El equipo debe cambiar su expresión porque, con este panorama, la fase de ascenso será una escalera demasiado empinada y sólo la visita de una diosa fortuna muy generosa puede llevar al Burgos a la segunda división b.
Quien dirige debe analizarlo y apostar. No estaría de más que el entorno estuviera muy bien enterado de las apuestas que se van a hacer, sobre todo por evitar confusiones posteriores. Encontrar nuevos jugadores no es posible, cambiar de entrenador no garantiza el éxito, y dimitir la junta directiva tampoco serviría de nada, como tampoco vale la división o las posturas encontradas. Es momento de agarrar al toro por los cuernos y entre todos, con la confianza y sinceridad que deben aparecer en este momento, poner las cartas sobre la mesa. Tomar una decisión y, a partir de aquí, rezar para que sea acertada. Luego…, ya se sabe, trabajar, trabajar y esperar…