La iglesia abacial de San Salvador es el monumento de mayor valor artístico de Oña. La amplísima variedad de estilos artísticos y las piezas y objetos, que en ocasiones son únicas, la convierten en una lección de Historia del Arte.
Comienza la visita por el pórtico, estructura arquitectónica románica del último cuarto del siglo XI, caracterizada por sus impostas ajedrezadas y por su arco de medio punto trenzado. La bóveda, está decorada con frescos hispano-flamencos y el espacio lo completa una puerta gótico-mudéjar de Fray Pedro de Valladolid, en nogal, roble y boj que nos introduce en el interior de una iglesia que impresiona por sus dimensiones: 83 metros de largo, 20 de anchura y 18 de altura.
Tras En el primer tramo de la iglesia destacan claramente dos elementos: en el muro de la epístola un fresco de estilo gótico lineal datado en la primera mitad del siglo XIV, en el que se narra la vida de San María Egipciaca. En el paramento opuesto el Cristo de Santa Tigridia, de transición al gótico y de finales del siglo XII.
En el crucero observamos las grandes dimensiones del órgano barroco del año 1.786 que tiene más de 1.100 tubos, construido por el riojano Francisco Antonio de San Juan. Frente a él el antiguo retablo de Santa Catalina, finales del XV que comparte capilla con unas tablas hispano flamencas de Juan Sánchez.
La capilla mayor es sin duda el tesoro arquitectónico y artístico de este templo. Su atrevida bóveda gótica, ideada por Juan de Colonia y ejecutada por Francisco Díez de Presencio en 1.450 tiene 400 metros cuadrados de superficie. En ella destacan la sillería de 1475 del coro bajo de 84 sitiales, de dos pisos y construida en madera de nogal y, de forma especial, el Panteón Real y Condal. Obra única del arte funerario medieval europeo al estar construido en nogal y boj. Se trata de una obra de gótico-mudéjar (1.480/95), tallada por los propios monjes de la abadía.
El bello conjunto funerario comprende ocho sepulcros. Merece la pena contemplar la filigrana de talla y taracea de los ataúdes y de sus dos baldaquinos. En los sepulcros descansan dos Condes de Castilla: Sancho García, fundador de este monasterio, muerto en 1.017, su mujer Urraca y el hijo de ambos García Sánchez, asesinado en León en 1.029. El rey de Castilla Sancho II el Fuerte, el rey del Cid Campeador asesinado en Zamora por Vellido Dolfos en 1.072. El rey de Navarra Sancho el Mayor, muerto en 1.035; y su mujer la reina doña Mayor fallecida en 1.066. Los infantes Alfonso y Enrique, hijos de Sancho IV el Bravo; y García, hijo de Alfonso VII el Emperador.
El Panteón se completa con las que, seguramente, sean de las primeras pinturas hispano-flamencas burgalesas que se hacen sobre sarga y no sobre tabla. El tema central es la Pasión de Cristo, plasmada a través de seis escenas por el benedictino Fray Alonso de Zamora. El taller pictórico por él creado en la abadía en la segunda mitad del XVI, es junto con el de la Catedral de Burgos, el foco más activo de pintura de la provincia en esa época.
La capilla mayor se completa con un gran retablo barroco en forma de arco triunfal, que da acceso a la capilla de San Iñigo. En esta se guardan los restos del santo abad oniense en un arca de 1.597.
La sacristía es una construcción herreriana de finales del XVI convertida actualmente en museo. Destacan por encima de todo dos piezas textiles medievales: la mortaja del príncipe García, enterrado en el Panteón, elaborada en Almería en el primer tercio del siglo XII; y una aljuba, posible mortaja del Conde Sancho García, tejida en seda, lino e hilo de oro en la época califal y datada entre los años 929 y 939. Su antigüedad las convierten en piezas de incalculable valor artístico.
Un magnífico bulto sepulcral de don Pedro López de Mendoza, esculpido en alabastro en 1.564; y tres vitrinas con arquetas musulmanas y piezas en orfebrería completan el museo.
A continuación la sala capitular permite contemplar los restos del antiguo claustro románico del XII, y una hermosa arquería policromada que decoraba el refectorio monacal.
De estilo gótico flamígero es la otra joya artística de la iglesia de Oña: el claustro de Simón de Colonia, construido a principios del siglo XVI. Mantiene muchos elementos decorativos y arcadas con sepulcros, como el del obispo don Pedro González Manso del año 1.534, donde se conserva una importantísima reja románica.
En Oña llama la atención la magnitud de los espacios públicos dominados por el conjunto monacal. Impresiona la fachada principal del monasterio, de estilo renacentista (siglo XVII) flanqueada por dos torreones pertenecientes en parte a la antigua muralla medieval.
La iglesia de San Juan, situada en la plaza del ayuntamiento, presenta también una torre y una portada gótica. En su interior se puede contemplar un calvario gótico del XIII, y un retablo barroco originario de la antigua iglesia de Tamayo, en la actualidad un despoblado de Oña.
Los restos de arquitectura civil y popular son escasos. La calle Barruso es una de las más antiguas y mantiene todavía su sabor medieval. La tradición señala esta calle como uno de los lugares de asentamiento de la población judía.
En el recorrido por el casco urbano podemos apreciar algunas casas blasonadas. Apenas quedan algunos pequeños lienzos de la antigua muralla que rodeaba a la villa, y junto a la oficina de turismo vemos el arco de la estrella única entrada de la muralla medieval que hoy en día queda en pie.
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